El tono se endurece en Washington. Este jueves, el presidente Donald Trump dejó caer una advertencia directa a Irán sobre su programa nuclear, y puso un reloj en marcha.
“Ocurrirán cosas malas”
Esa fue la frase clave que utilizó durante la inauguración de la Junta de Paz para Gaza. Su mensaje fue claro: no puede haber estabilidad en Oriente Próximo mientras Teherán, según él, tenga la posibilidad de acceder a armamento atómico. Dio un plazo de diez días.
La presión no es solo retórica. Mientras las negociaciones indirectas entre EE.UU. e Irán continúan –la última ronda fue en Ginebra–, el despliegue militar estadounidense se acelera.
El portaaviones USS Abraham Lincoln ya opera cerca de aguas iraníes. El USS Gerald R. Ford se dirige a unirse. Se han movilizado aviones de combate, sistemas antiaéreos y unidades de guerra cibernética. Unos 40,000 soldados permanecen desplegados en la región.
Israel, por su parte, no se queda quieto. Según medios estadounidenses, su gabinete de seguridad se reunirá este domingo para coordinar posibles acciones conjuntas con Washington. La idea que se maneja es un ataque de varios días para presionar en las negociaciones y limitar la influencia iraní.
Trump asegura que evalúa “todas las opciones”, incluida la militar, pero dice no haber tomado una decisión final. Mientras tanto, Teherán insiste en que no posee armas nucleares. La cuenta regresiva de diez días ha comenzado.

















