Un sismo de 6.5 grados activa la alerta en la Ciudad de México

Un recordatorio de la fuerza de la Tierra: reflexiones tras el temblor

Este viernes 2 de enero, la tierra nos recordó su poder con un movimiento telúrico de magnitud 6.5 al suroeste de San Marcos, Guerrero. En mis años viviendo y trabajando en gestión de emergencias, he aprendido que cada sismo tiene una personalidad distinta, y la de hoy comenzó con el sonido estridente de la alerta sísmica en la capital, a las 07:58 horas. Es un sonido que, por más veces que lo escuches, nunca deja de helar la sangre. La lección más valiosa que me ha dejado la experiencia es que esos segundos de advertencia, que hoy también llegaron a estados como Jalisco y Tabasco, no son para correr en pánico, sino para actuar con la memoria muscular de la preparación. En Michoacán y en la propia Guerrero, cerca del epicentro, la percepción de fuerza es siempre más intensa, una crudeza que quienes vivimos lejos del hipocentro solo podemos imaginar.

La respuesta coordinada: donde la teoría se encuentra con la práctica

Tras la sacudida, viene el silencio expectante, y luego, el meticuloso protocolo. La Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (SGIRPC) de la ciudad activó de inmediato su red. Sé por experiencia que en estos momentos, la ausencia de noticias es la mejor noticia. Cuando las Unidades de Gestión de las Alcaldías no reportan afectaciones mayores inicialmente, como ocurrió hoy, es un primer signo alentador, pero no de baja la guardia. La verdadera prueba está en los minutos siguientes.

La jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, confirmó la continuidad del operativo, incluyendo el sobrevuelo de los “cóndores” de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Esta herramienta aérea es un avance monumental respecto a mis primeros años en el servicio; permite una evaluación rápida y amplia de daños estructurales en grandes zonas, yendo más allá de lo que los equipos en tierra pueden ver. Que no se hayan registrado afectaciones graves es un testimonio de la eficacia de los protocolos de construcción y respuesta que se han ido fortaleciendo tras eventos pasados dolorosos. Cada temblor de esta magnitud, sin daños trágicos, es una victoria colectiva y una validación de que el camino de la prevención y la cultura de la protección civil, aunque sea un trabajo de todos los días, rinde frutos cuando más importa.

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