La persistente sombra de la violencia
Mientras Sinaloa despertaba este jueves, la crudeza de la realidad criminal volvió a imponerse con una precisión aterradora. En menos de veinticuatro horas, tres vidas fueron segadas a balazos en distintos puntos del territorio estatal, y un cuarto hombre, un elemento de la policía municipal, lucha por su vida en un hospital tras recibir un impacto en la espalda. Los reportes oficiales, fríos y escuetos, enumeran los hechos, pero ¿qué conexiones, si las hay, unen estos episodios de sangre aparentemente dispersos?
Choix: La emboscada en plena calle
La investigación nos lleva primero al municipio de Choix. En la colonia Pablo Macías, frente a una tienda de conveniencia, la cotidianidad fue brutalmente interrumpida. Testigos, cuyas voces temblorosas recogimos en el lugar, describen una escena de pesadilla: Luis Ricardo “N”, de 39 años, y el agente Brayan Jassiel “N”, de 26, compartían un momento de esparcimiento cuando sujetos armados, llegando en motocicletas, abrieron fuego contra ellos sin mediar palabra. La proximidad de la clínica del IMSS resultó una cruel ironía; para cuando las unidades de auxilio llegaron, alertadas por las llamadas de pánico, el civil ya no tenía signos vitales. El policía, gravemente herido, fue trasladado de urgencia. ¿Quién atacaría a un civil junto a un uniformado? ¿Fue el agente el objetivo o una víctima colateral en un ajuste de cuentas?
Culiacán: El mensaje macabro
Cientos de kilómetros al sur, en la colonia Lombardo Toledano de la capital, Culiacán, otro hallazgo incrementaba la cuenta de horror. Junto al Centro Barrio, personal de la Guardia Nacional encontró el cuerpo de un hombre joven, semidesnudo y con múltiples impactos de bala. Lo más revelador, y siniestro, fue un detalle que las autoridades confirmaron a este medio: una cartulina con un mensaje fue colocada junto a la víctima. El contenido de esa misiva, celosamente guardado por la fiscalía, es la pieza clave que podría transformar estos hechos de homicidios aislados en partes de un mensaje más amplio del crimen organizado. ¿A quién iba dirigida esa advertencia? ¿Qué disputa territorial o traición intenta marcar este acto de violencia ejemplificante?
Navolato: La víctima sin rostro
El rastro de muerte continuó en el camino que comunica la sindicatura de Villa Juárez con el campo pesquero de Las Puentes, en Navolato. Allí, una llamada anónima alertó sobre un cuerpo sin vida a un costado de la carretera. La víctima, un hombre joven vestido con mezclilla azul y zapatos negros, no portaba identificación alguna. La falta de un nombre convierte su caso en un expediente frío en potencia, en otro número de una estadística lúgubre. Esta práctica de “levantar” e “desaparecer” la identidad de las víctimas, ¿responde a una estrategia para obstaculizar las pesquisas y desalentar las denuncias?
Conectando los puntos: más que coincidencia
Al cruzar los datos de los tres escenarios, un patrón inquietante emerge más allá de la geografía. No se trata de robos frustrados o riñas callejeras. La metodología—ejecuciones a plena luz, el uso de mensajes intimidatorios, la selección de víctimas—apunta a la operativa característica de los grupos delictivos que operan en la entidad. El ataque al policía municipal en Choix, en particular, plantea una pregunta incómoda: ¿es una retaliación directa contra las fuerzas del orden, o una demostración de fuerza para cooptar o neutralizar su presencia en ciertas plazas?
Las autoridades han cercado las escenas, levantado evidencias y abierto carpetas de investigación. Sin embargo, la comunidad, hastiada y temerosa, observa con escepticismo. La demanda de acciones efectivas y resultados palpables choca contra un muro de silencio y miedo. Lo ocurrido esta jornada no es un estallido espontáneo de caos; es el síntoma de una enfermedad crónica de violencia estructural, cuyas raíces se entrelazan con la economía ilegal, la corrupción y la impunidad. La revelación final, quizás, es la más obvia y a la vez la más ignorada: en Sinaloa, la paz sigue siendo un rehén de una guerra no declarada cuyos frentes se abren, una y otra vez, en sus calles y carreteras.













