Una intervención rápida y coordinada entre cuerpos de seguridad y civiles evitó una tragedia en las costas de Tamaulipas. El personal de la Guardia Estatal, actuando en conjunto con elementos de la Secretaría de Marina y con el apoyo crucial de pescadores locales, logró el rescate de dos jóvenes que estuvieron a punto de ahogarse en Playa Chica, perteneciente al poblado de La Pesca, en el municipio de Soto la Marina.
La operación se activó tras recibir una alerta del Centro de Control, Comando, Comunicaciones y Cómputo (C4). Los efectivos se trasladaron de inmediato al sitio, donde ya se había desarrollado una primera respuesta ciudadana. Al llegar, se encontraron con un grupo de personas, entre las que destacaban pescadores de la zona, quienes informaron que ya habían logrado sacar del mar a las dos mujeres. Este detalle es fundamental, pues subraya la importancia de la respuesta inicial de la comunidad en emergencias de esta naturaleza, donde cada segundo cuenta.
El escenario que encontraron los rescatistas profesionales presentaba dos estados clínicos distintos. Una de las jóvenes se encontraba consciente, lo que indicaba un pronóstico más favorable. La otra, sin embargo, ya había perdido la conciencia, una señal de alarma que apunta a una posible asfixia por inmersión o al síndrome de ahogamiento, condiciones médicas graves que requieren atención inmediata. Civiles en la playa ya habían iniciado maniobras de primeros auxilios, una acción que, aunque básica, puede ser determinante para mantener las funciones vitales hasta la llegada de ayuda especializada.
Ante la gravedad del estado de la joven inconsciente, los protocolos de urgencia se activaron al máximo. Los elementos de la Guardia Estatal, con el apoyo físico de los mismos civiles que ayudaron en el rescate, cargaron a la paciente y la trasladaron en una patrulla terrestre. El objetivo era claro: alcanzar en el menor tiempo posible la zona naval, un punto preestablecido para la recepción de emergencias y donde podría disponerse de mejores recursos. La decisión de usar un vehículo terrestre en lugar de esperar un medio marítimo o aéreo refleja un análisis táctico de la situación, priorizando la velocidad sobre el método de transporte.
La coordinación interinstitacional demostró su eficacia en el kilómetro 49, cerca de la Capitanía de Puerto. Allí se realizó un traslado en caliente, es decir, sin detener la asistencia, hacia una ambulancia de la Secretaría de Marina. Este enlace es un punto crítico en la cadena de supervivencia, ya que permite que la atención prehospitalaria avanzada comience de manera fluida, manteniendo la continuidad en la vigilancia de los signos vitales y en la administración de oxígeno o reanimación si fuera necesario. El personal naval, entrenado específicamente para emergencias médicas, recibió a la paciente para estabilizarla durante el trayecto a un centro hospitalario.
Posteriormente, las autoridades lograron contactar e entrevistar a la madre de las jóvenes, de 25 y 20 años, ambas originarias de Ciudad Victoria. Este paso, más allá del protocolo administrativo, cierra el ciclo de la emergencia aguda al informar a la familia y recabar datos esenciales para la historia clínica, como antecedentes médicos. El éxito final de la operación se atribuye a la suma de esfuerzos: la alerta ciudadana inicial, el valiente rescate por parte de los pescadores, la rápida movilización de la Guardia Estatal y la transición eficiente al sistema médico naval. El incidente sirve como recordatorio de los peligros latentes en entornos acuáticos, incluso para nadadores jóvenes, y pone en valor la importancia de una comunidad alerta y unos cuerpos de seguridad capacitados para responder de forma integrada y decisiva.

















