Te cuento algo que me tiene pensando. Llevo años cubriendo el clima en esta región, y lo que estamos viendo este invierno no es normal. Es como si alguien hubiera apagado el grifo de la nieve.
Los números son brutales. La capa de nieve debería ser del tamaño de cuatro estados grandes combinados. Este año, apenas cubre uno. Mark Serreze, director del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo, lo resume perfectamente después de casi cuatro décadas en Colorado:
“No he visto un invierno como este antes. Este patrón en el que estamos es increíblemente persistente”.
La cosa va más allá de no poder esquiar. El verdadero problema está bajo tierra, en lo que no vemos. La nieve en las montañas es nuestro banco de agua. Se derrite lento en primavera y alimenta los ríos todo el verano.
Este año, ese banco está casi vacío. En Oregon, la capa de nieve es un 30% más baja que el récord anterior más bajo. Jason Gerlich, coordinador de alertas de sequía, no puede creerlo.
Sin ese depósito congelado, los ríos como el Colorado se van a secar antes. Daniel Swain, experto en recursos hídricos, lo dice claro: “Este es un problema bastante grande para la cuenca del Colorado”.
Y luego está el fuego. Sin nieve que proteja el suelo, la tierra se seca rápido cuando llega el calor. Daniel McEvoy, investigador climático, advierte que esto podría encender la temporada de incendios mucho antes de lo habitual.
Mientras tanto, en Utah, Trevor Stephens sale en pantalones cortos en febrero y mira por la ventana con nostalgia:
“Definitivamente preferiría tener carreteras heladas y nieve que lo que está sucediendo aquí ahora mismo”.
El contraste es surrealista: el este del país está congelado bajo la nieve, mientras aquí en el oeste buscamos una sombra. California tuvo suerte con lluvias en diciembre, pero es la excepción.
En Salt Lake City llevan 327 días sin ver una pulgada decente de nieve. Es un récord desde 1890.
Esto no es solo un mal invierno para los deportes. Es una señal clara de que nuestro sistema natural de almacenamiento de agua está fallando. Y cuando falla eso, todo lo demás –agricultura, ciudades, energía– tiembla.
















