La imperiosa necesidad de aterrorizar tus chats de WhatsApp

Un Decálogo para la Desesperación Digital

En un alarde de prioridades que dejaría pálido al mismísimo Jonathan Swift, la civilización contemporánea ha alcanzado su cenit: la posibilidad —nay, la necesidad imperiosa— de infundir un pánico sobrenatural en la aplicación que usamos para coordinar la compra del pan y enviar memes de gatos. El villano de una serie de televisión, un ente llamado Vecna cuyos poderes incluyen romper huesos y aburrir al espectador con monólogos interminables, ha trascendido la pantalla para convertirse en el santo patrón de la personalización digital.

Ya no basta con que el terror habite en un mundo alterno llamado Upside Down; la verdadera hazaña es transplantarlo a nuestros chats grupales, donde la amenaza real suele ser el tío que envía cadenas políticas. La estética oscura y la atmósfera de pesadilla, antes patrimonio de lo profundo y lo desconocido, son ahora un must-have para acompañar la conversación sobre el pronóstico del tiempo.

El Santo Grial de la Inutilidad Configurada

El proceso, una odisea burocrática digna de Kafka pero con peor resolución gráfica, requiere la búsqueda y descarga de tres imágenes sagradas: un cuadrado, un rectángulo vertical y otro horizontal. Estas reliquias, obtenidas de los catacumbas de los bancos de imágenes de Internet, son los talismanes necesarios para apaciguar al dios del Algoritmo y demostrar nuestra devoción.

El primer ritual implica profanar el ícono mismo de la aplicación. Con la ayuda de un sumo sacerdote llamado Nova Launcher (secta disponible solo para el pueblo elegido de Android), se sustituye el símbolo de la burbuja de diálogo por una efigie del horror. Se recomiendan tonalidades negras o rojas, porque nada dice “¿Me pasas la tarea?” como el color de la sangre seca y el abismo.

La Tecnocracia del Teclado Aterrador

¿De qué sirve invocar a un señor de las pesadillas si al escribir “OK, gracias” lo hacemos con un teclado de color pastel? La coherencia es la base de cualquier buena simulación de posesión demoníaca. Por tanto, el siguiente paso es consagrar el teclado. La segunda imagen, la horizontal, debe desplegarse como fondo, asegurando que cada pulsación de la “ñ” esté imbuida de un miedo primigenio. Así, la pregunta “¿A qué hora llegas?” adquiere una profundidad existencial aterradora.

El Telón de Fondo de Nuestras Pequeñas Tragedias

La obra maestra final: el fondo de los chats. Navegando por los menús de Ajustes como un héroe en una mazmorra, se llega al altar del Fondo de pantalla. Allí, la tercera imagen, la vertical, se alza como testigo mudo de nuestras conversaciones más mundanas. Un consejo de los iluminados: usa imágenes de alta resolución. Es crucial que la silueta retorcida de Vecna no opaque la legibilidad del emoticón que confirma la pizza de la cena.

En este nuevo mundo, donde la personalización extrema es la última frontera del individuo, hemos logrado lo impensable: convertir una herramienta de comunicación en un monumento a lo superfluo. El verdadero Upside Down no está en Hawkins; está en la obsesión por maquillar de significado tenebroso la absoluta banalidad de nuestro ruido digital diario. El horror, al final, no es el monstruo; es darnos cuenta de que no tenemos nada mejor que hacer.

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