El regulador ruso de telecomunicaciones acaba de confirmar lo que muchos usuarios ya sentían: están ralentizando WhatsApp en el país. La razón oficial es clara y contundente. Afirman que la plataforma se usa para organizar actividades terroristas y es una herramienta clave para defraudar a los ciudadanos.
Pero aquí viene la parte política del asunto. Moscú pone las cartas sobre la mesa con un ultimátum directo a Meta. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, lo dejó claro en declaraciones a la agencia Tass:
“Se trata de cumplir con la ley rusa. Si Meta cumple, iniciará un diálogo con las autoridades rusas y entonces habrá una oportunidad para llegar a un acuerdo”.
Traducción: desbloqueamos la app si ustedes juegan bajo nuestras reglas. Es una negociación de alto voltaje donde Rusia ejerce su soberanía digital como palanca.
La postura no deja lugar a dudas. Peskov advirtió que si Meta mantiene lo que califica como una “postura inflexible”, no habrá vuelta atrás. El mensaje es simple: adaptarse o desaparecer del mercado ruso.
Este movimiento refuerza el control estatal sobre el flujo de información. No es solo sobre una app de mensajería; es sobre quién dicta las reglas del juego en el espacio digital ruso. El Kremlin reiteró que el bloqueo se debe al “incumplimiento” por parte de Meta, cerrando el círculo de una disputa que va más allá de la tecnología.
















