Zuckerberg bajo fuego en juicio por adicción a redes sociales

La imagen es clara: Mark Zuckerberg, sentado en el banquillo de un tribunal de Los Ángeles. Pero lo que está en juego aquí es mucho más que una simple comparecencia. Este es un juicio sin precedentes que cuestiona si las plataformas de Meta diseñaron deliberadamente productos adictivos que dañan a menores.

Detrás del caso está KGM, una joven de 20 años. Sus abogados argumentan que su uso temprano de redes sociales la volvió adicta a la tecnología y agravó su depresión y pensamientos suicidas. Meta y YouTube son los únicos demandados que quedan; TikTok y Snap ya llegaron a acuerdos.

‘Creo que una empresa razonable debería tratar de ayudar a las personas que usan sus servicios’, declaró Zuckerberg.

Pero las preguntas del abogado Mark Lanier fueron directas al corazón del asunto. Expuso tres opciones sobre cómo tratar a personas vulnerables: ayudarlas, ignorarlas o ‘aprovecharse de ellas’. Zuckerberg estuvo de acuerdo en que lo último no es lo que haría una empresa responsable.

Sin embargo, cuando Lanier le preguntó cuánto dinero ha comprometido para ayudar a víctimas afectadas por las redes sociales, la respuesta fue evasiva:

‘No estoy de acuerdo con la caracterización de su pregunta’.

Aquí es donde la investigación periodística encuentra documentos reveladores. Lanier presentó un documento interno donde se aconsejaba a Zuckerberg sobre cómo mostrarse ‘auténtico, directo, humano’ en sus comunicaciones, evitando parecer ‘falso, robótico o corporativo’.

Zuckerberg negó haber recibido entrenamiento para testimonios, afirmando que solo eran ‘comentarios’. Sobre sus apariciones públicas, admitió:

‘Creo que en realidad soy bastante conocido por ser un tanto malo en esto’.

Pero más allá del estilo personal, están las políticas. Lanier dedicó tiempo significativo a cuestionar los métodos de verificación de edad de Meta. Zuckerberg insistió en que restringen el uso a menores de 13 años y trabajan para detectar a quienes mienten sobre su edad.

Lo curioso es cómo este testimonio conecta con declaraciones anteriores. Hace apenas una semana, Adam Mosseri, director de Instagram, testificó que no cree que las personas puedan volverse clínicamente adictas a las redes sociales.

Mosseri afirmó: ‘No es bueno para la empresa, a largo plazo, tomar decisiones que nos generen ganancias pero sean perjudiciales para el bienestar de las personas’.

Pero los abogados tienen otros documentos. Planean cuestionar a Zuckerberg sobre los filtros cosméticos de Instagram que alteran la apariencia física, y sobre algoritmos diseñados -según los demandantes- específicamente para enganchar usuarios.

Meta enfrenta este caso como juicio de referencia, lo que significa que su resultado podría influir en miles de demandas similares pendientes contra empresas tecnológicas.

Un portavoz de Meta declaró que ‘discrepan enérgicamente’ con las acusaciones y están ‘confiados’ en que las pruebas mostrarán su compromiso con los jóvenes.

Sin embargo, Paul Schmidt, abogado de Meta, admitió algo significativo durante su alegato inicial: la empresa no discute que KGM tuvo problemas de salud mental. Lo que discuten es si Instagram fue un factor significativo en esas dificultades.

Schmidt presentó historiales médicos mostrando una vida familiar turbulenta, argumentando que KGM usó las plataformas como mecanismo para sobrellevar situaciones difíciles preexistentes.

Este testimonio marca la primera vez que Zuckerberg responde estas preguntas ante un jurado, no solo ante legisladores. Y nuevamente, se espera ver entre el público a padres afectados por tragedias relacionadas con redes sociales.

La verdadera pregunta aquí no es si las redes sociales existen -sino cómo están diseñadas. ¿Son herramientas neutrales o productos optimizados para maximizar el tiempo en pantalla? Los documentos internos y testimonios contradictorios sugieren una narrativa más compleja de lo que cualquier parte quiere admitir públicamente.

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