Un mono saraguato en peligro de extinción muere por el Gusano Barrenador en Chiapas

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) confirmó la muerte de un mono saraguato (Alouatta Palliata) en Palenque, Chiapas, a causa de una infestación por el Gusano Barrenador del Ganado. Este caso marca un preocupante salto de la plaga, originalmente confinada a animales de producción, hacia especies de fauna silvestre, particularmente una que ya enfrenta un alto riesgo de desaparición.

El ejemplar, un macho de aproximadamente cinco años, fue reportado el pasado 2 de diciembre de 2025. Durante un monitoreo en vida silvestre, se detectaron lesiones con miasis —la infestación por larvas de mosca— en su miembro anterior izquierdo. Tras la notificación al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), la identificación de la larva confirmó que se trataba específicamente del Gusano Barrenador del Ganado. La gravedad de las lesiones provocó finalmente el deceso del animal. Hasta el momento, es el único caso confirmado en esta especie, aunque representa uno de los cuatro registrados en fauna silvestre en general por las autoridades.

Este incidente no es un hecho aislado en la crisis que vive la especie. El mono saraguato o aullador mexicano, clasificado como “En Peligro” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, ya había sufrido un golpe demográfico devastador entre mayo y junio de 2024. En esa ocasión, al menos 287 individuos, equivalentes al 21 por ciento de la población en la región de la Chontalpa, Tabasco, murieron a consecuencia de golpes de calor extremos. Este evento llevó a incluir a la subespecie en la lista de “Los 25 primates más amenazados del mundo”. Su situación se agrava por la grave fragmentación de su hábitat, restringido a remanentes forestales del sureste de México y Guatemala, lo que altera su dinámica social y aumenta su susceptibilidad a enfermedades y otros factores de estrés.

La confirmación de que el Gusano Barrenador puede afectar a un primate silvestre en estas condiciones representa una nueva y compleja capa de amenaza. La plaga, causada por la larva de la mosca Cochliomyia hominivorax, se alimenta de tejido vivo de animales de sangre caliente. Tradicionalmente un flagelo para la ganadería, su expansión a perros, gatos y ahora a fauna silvestre indica una capacidad de adaptación y dispersión que preocupa a las autoridades sanitarias y ambientales.

Los datos oficiales reflejan la magnitud del brote. Al 7 de enero, la Secretaría de Agricultura reporta 13,335 casos acumulados de GBG en el país, con 492 aún activos. Si bien la mayoría se concentra en el ganado bovino (254 casos activos) y en perros (163), la plaga ha sido identificada también en cerdos, equinos, ovinos, caprinos, felinos y aves. Geográficamente, los estados del sureste como Chiapas, con 5,408 casos acumulados, Oaxaca, Veracruz y Yucatán son los más afectados, aunque entidades del centro del país como el Estado de México y Puebla también han reportado presencia.

Ante este escenario, la Semarnat, a través de la Dirección General de Vida Silvestre, ha intensificado acciones preventivas y de capacitación. Estas incluyen la distribución de material informativo sobre la identificación y tratamiento de la miasis, así como pláticas de difusión en sus oficinas estatales. El objetivo es establecer una red de detección temprana que permita canalizar oportunamente cualquier caso sospechoso al Senasica. Paralelamente, se ha impartido capacitación especializada a cuerpos como la Guardia Nacional, Protección Civil y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), buscando una respuesta coordinada ante un patógeno que ya demuestra cruzar las barreras entre la producción animal, los animales de compañía y los ecosistemas naturales.

La muerte de este mono saraguato funciona así como una señal de alarma biológica. Pone en evidencia cómo una crisis sanitaria pecuaria puede convertirse en un factor de presión adicional para especies silvestres cuyas poblaciones están al límite, interconectando la salud animal, la salud de los ecosistemas y la gestión de los territorios. La contención efectiva del Gusano Barrenador se revela ahora no solo como una necesidad económica para el sector ganadero, sino también como una medida urgente de conservación de la biodiversidad.

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