La presidenta Claudia Sheinbaum fue directa. Preguntada sobre si hay vuelos militares de Estados Unidos en espacio aéreo mexicano, su respuesta fue clara: “En territorio nacional, no”.
Lo dijo en San Miguel de Allende, antes de un acto oficial. Cuando se le insistió con la pregunta, optó por posponer: “Ya en la mañanera allá nos vemos”.
Pero el contexto es clave. Esto ocurre después de que la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos lanzara una advertencia formal.
La FAA recomendó a las aerolíneas estadounidenses “tener precaución” al volar sobre México y partes de Centro y Sudamérica.
El motivo, según el organismo: “actividad militar y la posible interferencia con los sistemas de navegación”. La alerta se centra en zonas sobre el agua.
Destacó que es “por situación potencialmente peligrosa en las áreas sobre el océano Pacífico y el golfo de California”.
En su notificación, fue más específica: se debe a “actividades militares e interferencias GNSS” (sistemas de navegación global por satélite). Y lanzó una advertencia seria.
“Existen riesgos potenciales para las aeronaves a todas las altitudes”, incluyendo durante el despegue, aterrizaje y vuelo crucero.
Mientras la presidenta mexicana dice no tener reportes, la agencia de aviación estadounidense pide a sus pilotos extremar cuidados. Un contraste que pone el foco en la seguridad del espacio aéreo compartido.
















