Qué casualidad más extraordinaria. Jonathan David, el artillero canadiense, parece haber redescubierto de repente el camino a la portería. Sucede precisamente ahora, cuando las miradas del planeta fútbol comienzan a girarse hacia Canadá, que será anfitrión del Mundial dentro de poco.
Anotó su tercer tanto en cuatro partidos en la goleada de la Juventus sobre el Napoli. Una sincronización impecable. Casi como si un jugador supiera que su rendimiento individual será examinado bajo el microscopio global más intenso que existe.
“(David) demostró que puede pelear en el área cuando no hay espacio”, indicó Spalletti, su entrenador. “Anotó como un delantero”.
Una revelación oportuna, sin duda. Después de una sequía goleadora que parecía interminable, los goles han vuelto a fluir este mes. Contra Sassuolo, contra Cremonese, y ahora ante el campeón defensor.
La narrativa se escribe sola: el héroe local recupera su magia justo a tiempo para iluminar el escenario doméstico. La máquina de relaciones públicas del fútbol internacional no podría haberlo planeado mejor.
Mientras tanto, el Napoli se hundió en la tabla. La única luz en su noche fue el regreso de Romelu Lukaku tras una lesión. Un pequeño consuelo en una gran derrota.
El resto es ruido de fondo. Cambios de entrenador, luchas por los puestos europeos, elogios para otros jugadores como Weston McKennie. Pero la historia central es clara: un hombre encuentra su forma cuando más importa. O quizás, cuando más se nota.
Canadá espera. El mundo observa. Y Jonathan David, por fin, está marcando.

















