El circo del fútbol inaugura su nuevo coliseo

En un acto de pura coincidencia, el flamante estadio Banorte se estrenará con un espectáculo que nada tiene que ver con el negocio. México recibirá a Portugal en lo que los organizadores llaman un “amistoso”, pero que en realidad es el bautizo de otro templo al consumo masivo.

Roberto Martínez, seleccionador portugués, ya lanzó los primeros halagos protocolarios. Dijo estar impresionado por la afición mexicana, esos seres que llenaron estadios en Sudáfrica y Brasil. Claro, no mencionó cuánto dejaron allí en divisas.

“Una selección como la mexicana siempre me ha impresionado. El nivel de aficionados que había en Sudáfrica, Brasil. Es una selección grande”, aseguró el estratega.

Luego vino el homenaje obligado al pasado. Martínez recordó al Estadio Azteca como “una referencia dentro de los mundiales”. Una forma elegante de decir que el nuevo Banorte tiene mucho que vivir para alcanzar esa mitología.

Así funciona la máquina: se construye un coliseo, se invita a una estrella europea, se intercambian cumplidos y todos felices. Mientras, el partido del 28 de marzo servirá como “prueba” para ambos equipos. Prueba de qué, exactamente: ¿de cuánta gente cabe? ¿De cuánto se puede cobrar por una entrada?

El fútbol moderno como metáfora perfecta: mucha pompa, ceremonias vacías y la promesa constante de que lo importante está por venir. Siempre por venir.

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