El circo madridista busca la paz con un malabarista nuevo

En el gran teatro del Santiago Bernabéu, donde los aplausos se compran y los silbidos se regalan, el Real Madrid busca desesperadamente algo llamado ‘paz social’. Tras el juicio popular contra sus propios gladiadores, que osaron no ganar con suficiente espectáculo, la solución mágica llega con un nombre: Álvaro Arbeloa. Su misión sagrada es tan simple como imposible: sanar las heridas de un reino donde la memoria es tan corta como el aguante.

La ‘mejoría’ del equipo se mide ahora contra el Mónaco, un rival que evoca recuerdos tan ingratos como una factura de la luz. En este universo paralelo, perder una final y caer ante un equipo modesto se considera solo un ‘bache’. Un bache del tamaño del cráter que dejó su ambición desmedida.

Y he aquí el plato fuerte del espectáculo: el regreso de Kylian Mbappé. El joven príncipe que escapó del palacio para convertirse en emperador en otra tierra. Su presencia no es solo un partido; es una alegoría ambulante de todo lo que pudo ser y no fue. Una metáfora exagerada de las oportunidades perdidas.

El triunfo en la locura que fue el estadio madridista contra el Levante y el posterior pinchazo del Barcelona en Anoeta cambian el paso de un Real Madrid.

Qué reveladora es esta frase. La felicidad propia depende no de los actos propios, sino del fracaso ajeno. La filosofía de un coloso que mira de reojo al vecino para medir su propia estatura. Se habla de ‘un punto del líder’ como si fuera una medalla al esfuerzo, no un recordatorio de la corona ausente.

El objetivo ahora es el ‘top 8’. Una meta tan gloriosa para un gigante que solía medir sus éxitos en copas con orejas, no en posiciones numéricas. Todo está ‘en su mano’, dicen. Como si el destino de una institución multimillonaria dependiera de la voluntad divina y no de una planificación coherente.

La penúltima jornada se presenta con nueve ‘interesantes’ partidos. La lista de horarios y cadenas se lee como el menú de un restaurante de lujo donde todos piden lo mismo: distracción. Fútbol a todas horas, para todos los gustos, servido en bandeja de plata digital.

El Real Madrid se enfrenta a un desafío crucial en su camino hacia la clasificación en la Champions League, y la actuación de Arbeloa será clave para el futuro del equipo.

He aquí la verdad incómoda envuelta en cliché deportivo: todo depende siempre del último salvador, del nuevo mesías con banquillo. La responsabilidad colectiva, la estructura, la filosofía… todo eso queda difuminado tras la figura del entrenador de turno. Un sistema perfecto donde el éxito tiene mil padres, pero el fracaso siempre es huérfano y encuentra rápido un nuevo tutor.

Mientras, en el campo, veintidós millonarios persiguen un balón ante miles que pagan por soñar o por olvidar. La verdadera Champions League no está en los octavos de final, sino en mantener viva la ilusión de que esto significa algo más que negocio. Y vaya si lo consiguen.

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