El gran espectáculo de la seguridad mundialista

En un desplazamiento de lógica tan admirable como las piruetas de un portero, las autoridades han desvelado su plan maestro. No es uno cualquiera, es el Plan Kukulkán, nombre que evoca serpientes emplumadas y, quizás, la esperanza de que la seguridad descienda milagrosamente del cielo.

“Se ha invertido mucho en cámaras, se ha invertido en patrullas, estamos invirtiendo en equipos especializados”, aseguró el secretario Pablo Vázquez Camacho.

La repetición de “invertido” tiene un ritmo hipnótico, casi una letanía para ahuyentar a los espíritus del caos. Se invierte en cámaras que todo lo ven, en patrullas que todo lo recorren y en capacitación internacional. Un ejército moderno listo para la batalla más épica: recibir a aficionados con banderas y pintura facial.

Lo genial es la perspectiva. Cada semana, nos dicen, la ciudad demuestra su capacidad para eventos masivos. El Mundial será solo otro acto en este circo permanente donde la normalidad es un espectáculo y la seguridad, el número estrella. Se han establecido mesas de trabajo con el gobierno y el sector privado. Imaginen esas mesas: montañas de planes sobre planes, mientras afuera la vida sigue su curso, ajena a los diagramas.

“El Mundial no va a ser el único evento que vamos a recibir este año”.

Por supuesto que no. La vida misma es el evento masivo definitivo, y para ese todavía no hay plan que lo cubra todo. Mientras tanto, aplaudamos la puesta en escena. Las cámaras grabarán, las patrullas pasearán y Kukulkán, desde su pirámide de burocracia, observará si su plan vuela o se queda reptando.

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