El Gran Teatro del Balón: Cuando Perder es Ganar y Viceversa

En el majestuoso coliseo moderno, donde hombres adultos persiguen una esfera de cuero ante multitudes que pagan por el privilegio de sufrir, ocurrió otro capítulo de esa comedia trágica que llamamos fútbol profesional.

El FC Barcelona, esa institución que oscila entre la bancarrota y la gloria con la elegancia de un elefante en una cacharrería, derrotó al “colista” Oviedo. Qué término más amable para designar al equipo que parece haber firmado un pacto secreto con la derrota.

“Para mí lo más importante fue el primer gol, cómo presionamos, recuperamos y marcamos”, indicó el entrenador Hansi Flick, en una declaración que revela la profunda filosofía futbolística: anotar goles ayuda a ganar partidos.

Lamine Yamal ejecutó una “chilena cerca del punto penal”, movimiento acrobático que en cualquier otro contexto sería motivo de preocupación médica, pero aquí se premia con ovaciones. El público local aplaudió ruidosamente cuando fue sustituido, demostrando que en este teatro, salir del escenario es tan importante como entrar en él.

Mientras tanto, en Madrid, otro gigante institucional llamado Real celebraba su propia victoria sobre el Villarreal. La diferencia de un punto en la tabla se convierte en materia de debate nacional, como si de tratados geopolíticos se tratara.

El Atlético de Madrid venció 3-0 a Mallorca gracias en parte a un “desafortunado autogol” donde un balón golpeó la cara de un defensor antes de entrar. La casualidad elevada a estrategia deportiva.

Antes de cada partido, se guardó un minuto de silencio por víctimas de accidentes reales, recordatorio fugaz de que fuera de estos estadios existe un mundo donde las tragedias no tienen marcador ni tiempo añadido.

En este absurdo ritual semanal, equipos ascienden y descienden en tablas matemáticas mientras ciudades enteras ajustan su estado anímico colectivo según resultados arbitrados por hombres con silbatos. El Betis pierde contra el Alavés “que no había ganado en cinco partidos”, demostrando que en esta lógica invertida, las rachas negativas siempre terminan… hasta que comienzan otra vez.

Al final del día, lo único constante es que habrá otro fin de semana con más partidos, más goles accidentales convertidos en obras maestras tácticas, y más puntos decimales determinando quién es feliz y quién debe esperar siete días para intentarlo nuevamente.

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