En un giro magistral de diplomacia deportiva, o quizás de marketing descarado, un coloso estadounidense ha descubierto la fórmula infalible para el cariño mexicano. No son hazañas en el cuadrilátero, sino un dominio lingüístico y una colección de camisetas de fútbol.
El secreto, al parecer, es simple: hablar en español y mencionar al América. Una estrategia tan sutil como un clothesline y tan efectiva como una llave de sumisión. La compra de Triple A por parte de la WWE no fue solo una transacción corporativa. Fue la adquisición de un puente cultural listo para ser cruzado por gladiadores bilingües.
El luchador, interpretado por Ludwig Kaiser, compartió su amor por México, su cultura, su gente y su música.
La reciente aparición en RAW lo confirmó. Antes de derrotar a Je’Von Evans, apareció luciendo la nueva indumentaria del equipo de Javier Aguirre. Un guiño perfectamente cronometrado para la cuenta regresiva del Mundial. Las redes sociales estallaron en celebración.
¿Es esto autenticidad o un guion brillante? Da igual. El resultado es el mismo: una conexión que crece más rápido que una rivalidad entre heels. La lesión de su oponente fue casi una nota al pie. El verdadero combate ya lo había ganado en el vestuario, cambiando su atuendo.
La afición mexicana tiene un nuevo favorito foráneo. Y él tiene claro que, a veces, la victoria no se consigue con un pinfall, sino con saber qué playera ponerse.













