El regreso del Coloso y la danza de los caprichos

Prepárense para el gran espectáculo. No, no hablamos del fútbol. Hablamos del ritual sagrado de la reinauguración, donde el césped es secundario y lo que realmente importa son las condiciones especiales.

Este sábado, el Estadio Azteca abre sus puertas después de dos años. México recibe a Portugal. Pero todos sabemos que el partido es solo el telón de fondo.

La verdadera función es otra: la negociación con una divinidad del balón. El reportero Gibrán Araige lo dejó claro:

“Los requerimientos que está pidiendo Portugal son para un jugador de la talla de Cristiano.”

Ahí está la clave. No son peticiones. Son requerimientos. Seguridad, hospedaje, logística. Una lista de deseos para que una leyenda se digne a pisar el césped sagrado de Santa Úrsula.

Y la Federación Mexicana, como buen anfitrión en un culto moderno, está dispuesta a cumplir. El objetivo no es ganar un amistoso. Es tener la foto. La presencia del mito justifica cualquier capricho.

Mientras Bruno Fernandes, Bernardo Silva y esa máquina portuguesa se preparan para jugar, el murmullo en los pasillos solo pregunta una cosa: ¿vendrá el Bicho? Todo apunta a que sí. Porque cuando se trata de iconos, las reglas del juego son otras.

Así que bienvenidos al nuevo Azteca. Donde el fútbol es un negocio, las estrellas son dioses menores y los partidos… a veces son solo la excusa.

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