El sublime arte de vender patria por hoyos

En un giro que solo la lógica del espectáculo deportivo moderno puede explicar, el Torque GC ha sido coronado como el ‘equipo anfitrión’ para un torneo en México. Lo notable no es su juego, sino su cuidadosa construcción como reliquia étnica: el único conjunto ‘100 por ciento latinoamericano’ en un circuito financiado por petrodólares saudíes. Una verdadera hazaña de identidad en la era del capital global.

La llegada de Abraham Ancer, quien abandonó a los Fireballs GC porque eran ‘100 por ciento españoles’, completa este cuadro pintoresco. Ahora Torque es, proclaman con solemnidad, ‘el más mexicano’. Porque nada grita autenticidad como cambiar de franquicia dentro de la misma liga mercantil. Como dijo Carlos Ortiz con una seriedad conmovedora:

“Tener el evento aquí es un orgullo, un privilegio y sabemos que es la manera de ayudar a crecer el deporte en México”.

Por supuesto. Nada hace crecer un deporte como una competencia itinerante de élite, propiedad extranjera y accesible principalmente en televisión por suscripción. Es la versión golfística del trickle-down economics.

El capitán Joaquín Niemann añadió la guinda al pastel alegórico:

“Jugar en México se siente como nuestra segunda casa y llevar esos colores en la camisa nos ayudará mucho”.

Para esta edición, los jugadores llevarán la bandera mexicana en el uniforme. Un detalle conmovedor, que transforma mágicamente una prenda patrocinada en un sudario sagrado. La presión de representar a la patria, según confiesa Ancer, es distinta. Pero él trata de verlo ‘como otro torneo más’, aunque admite que ‘se siente diferente’. He aquí el atleta contemporáneo: navegando entre el peso simbólico de la nación y la realidad pragmática de ser un empleado bien remunerado de una liga global.

Así se prepara el equipo: no con secretos técnicos, sino perfeccionando el delicado arte de encarnar una contradicción. Son latinoamericanos puros en una liga saudí, mexicanos orgullosos en un circuito sin raíces locales, y embajadores deportivos cuyo verdadero campo de juego es el mercado. El torneo en el Club de Golf Chapultepec promete ser menos una competencia deportiva y más una alegoría perfecta: hoyos verdes, banderas ondeando y realidades incómodas hábilmente enterradas en el rough.

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