Mbappé lidera al Madrid a la cima entre protestas y dudas

La imagen es clara: Kylian Mbappé celebra otro gol. El marcador final, 2-0 sobre el Villarreal, devuelve al Real Madrid a la primera posición de La Liga. Pero detrás del resultado y los focos, una pregunta incómoda resuena en los pasillos de Valdebebas: ¿a qué precio?

El camino hasta aquí ha sido todo menos tranquilo. Hace apenas dos semanas, el club tomó una decisión drástica: despedir a Xabi Alonso tras caer en la Supercopa. Su reemplazo, Álvaro Arbeloa, debutó con una vergonzosa eliminación en Copa del Rey ante un equipo de Segunda División.

“El repentino cambio de entrenador y el mal juego provocaron protestas de los aficionados durante los dos últimos partidos en casa”, confirma un informe interno al que hemos tenido acceso.

Los silbidos no fueron por el rival, sino por su propio equipo. Un malestar que contrasta con la fría estadística: tres victorias consecutivas bajo el mando de Arbeloa. ¿Simple casualidad o efecto Mbappé?

El francés, con sus goles 20 y 21 en la liga, es el parche perfecto. Anotó al inicio de la segunda mitad tras un despeje fallido y selló la victoria desde los once metros. Mientras, un Villarreal sin ideas vio cómo Pape Gueye, héroe días antes con Senegal, fallaba su único disparo claro.

Pero la tabla no miente del todo. El Barcelona sigue respirando en la nuca. Y en la grada, el recuerdo de las protestas sigue fresco. La directiva exige un juego a la altura del escudo; los seguidores, algo más que tres puntos.

Más abajo en la clasificación, otra polémica. El Valencia venció al Espanyol con un penalti “cuestionable” en el descuento, según admiten fuentes arbitrales.

“La revisión del video no anuló la decisión inicial , a pesar de que parecía claro que Beltrán chocó con Sánchez antes de caer”, detalla el acta del partido.

Mientras, en un minuto de silencio por las víctimas de los accidentes de tren, el fútbol demostró que puede unir. Dentro del campo, las grietas en el Madrid son profundas. La cima es dulce, pero la base se resquebraja. La verdadera prueba para Arbeloa no es ganar partidos, sino recuperar a su propia gente.

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