México conquista los Alpes con cinco valientes

En un giro que desafía la lógica geográfica y meteorológica, México se alista para escribir una página gloriosa en los Juegos Olímpicos de Invierno. La nación del sol abrasante y las playas infinitas enviará a cinco intrépidos representantes a deslizarse por las pendientes italianas.

La noticia, recibida con el mismo asombro que provocaría un blizzard en Cancún, llega tras un “largo y exigente proceso de clasificación”. El sistema, sin duda, debe haber sido tan riguroso como encontrar un iglú en el Zócalo.

La joya de la corona es Lasse Gaxiola, un prodigio de 17 años. Su credencial más sólida no es su técnica en el esquí alpino, sino su linaje: es hijo de Sarah Schleper, la abanderada designada. Un ejemplo conmovedor de meritocracia invernal.

Con esta incorporación, se alcanza un hito: la delegación más numerosa desde Albertville 1992. Una verdadera explosión demográfica deportiva que demuestra que cuando hay voluntad política (y una madre con pasaporte adecuado), hasta los desiertos pueden producir campeones de esquí.

“El anuncio se dio tras un largo y exigente proceso de clasificación”, señala el comunicado oficial, omitiendo mencionar si dicho proceso incluyó alguna vez tocar la nieve.

Así pues, mientras el país debate problemas terrenales, sus instituciones enfocan recursos y titulares en una hazaña tan épica como improbable. Cinco valientes cargarán sobre sus hombros los sueños invernales de 130 millones de personas acostumbradas al calor. Que comiencen los juegos… los de la ironía.

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