Pumas estrena torneo con empate y justificaciones de manual

En un despliegue de originalidad pasmosa, Efraín Juárez, el timonel auriazul, descubrió la pólvora tras el empate de su equipo: la desconcentración. Un mal tan antiguo como el fútbol mismo, pero que en sus labios suena a revelación divina.

“Claramente, estamos con una frustración [porque] la verdad el equipo hace un buen partido, pero, por algunos detalles, como el tema de concentración individual, nos vamos con un punto en lugar de tres”,

declaró el estratega, como si hubiera descifrado un complejo teorema y no la excusa más manida del catálogo futbolístico. La derrota moral se vistió de gala.

El gran propósito para el Clausura 2026, según su discurso, es hacer del Olímpico Universitario una fortaleza. Una meta ambiciosa, considerando que acaban de dejar escapar dos puntos precisamente allí. La lógica es tan sólida como un castillo de naipes.

Respecto a los abucheos de la afición en CU, Juárez mostró una comprensión casi budista. Aseguró compartir la frustración, pero pidió mesura porque “[apenas] es Jornada 1”. Una filosofía admirable: la paciencia infinita como coartada para el bajo rendimiento.

Sobre los nuevos refuerzos, el veredicto fue “me gustaron”. Una evaluación profunda y técnica. Reconoció que necesitan adaptación, un detalle menor cuando se tiene toda una temporada por delante para improvisar.

Al final, el debut fue un compendio de lugares comunes: frustración compartida, detalles que cuestan y promesas de futuras alegrías. El guion se escribe solo.

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