En un giro digno del guion más retorcido, el actor Timothy Busfield caminó hacia las autoridades de Nuevo México. Lo hizo voluntariamente, sí, pero cargando un equipaje de acusaciones que podrían pesar más que cualquier premio Emmy.
La orden de arresto ya circulaba desde principios de mes. Dos menores, que en 2022 tenían 7 y 8 años mientras grababan The Cleaning Lady, lo señalaron. El presunto escenario del crimen: un set de televisión.
Minutos antes de entregarse, Busfield visitó a su abogado en Albuquerque. Allí, el histrión de 68 años soltó su línea más ensayada:
“No les hice nada a esos pequeños. Es una mentira”.
Mientras tanto, en la trastienda del espectáculo, los engranajes corporativos giraban a toda velocidad. Warner Bros., la casa productora, ordenó una investigación independiente. La abogada Christina McGovern declaró no haber encontrado evidencia de conducta inapropiada ni momentos a solas con los niños.
La defensa del actor pinta un cuadro diferente: venganza. Alegan que la madre de los niños quería “hacerle pagar” porque Busfield los sacó de la última temporada de la serie.
El caso ahora avanza por los tribunales, pero ya tiene su primera baja televisiva. NBC canceló la emisión de un episodio de La ley y el orden donde Busfield aparecía. La ficción imita a la vida, o tal vez es al revés.
Mientras tanto, Hollywood suspira y espera. Otro nombre en la lista interminable de escándalos que amenaza con derrumbar más estatuillas.


















