La historia oficial dice que José Alfredo Jiménez tuvo dos grandes amores: Paloma Gálvez y Alicia Juárez. Pero los archivos y las entrevistas cuentan una historia más compleja, tejida con miradas cómplices en el escenario y silencios elocuentes fuera de él.
¿Fueron solo colegas? La evidencia sugiere algo más profundo. Juntos grabaron himnos como “Si nos dejan” y “Pa’ todo el año”. Para quienes los vieron, la química era palpable, un sentimiento que trascendía la interpretación musical.
La verdad salió a la luz una década después de la muerte del Rey. En una entrevista con el periodista Guillermo Pérez Verduzco, se le preguntó directamente a Lucha Villa si había estado enamorada del compositor.
Un largo silencio reflexivo antecedió la respuesta de la cantante, para después responder: “¿Qué le diré?…yo creo que sigo enamorada de él”.
No lo dejó ahí. Para explicar un sentimiento que las palabras simples no podían capturar, recurrió a las letras del propio José Alfredo. Citó “La mano de Dios”, un tema sobre un amor predestinado e inquebrantable.
Luego, como si necesitara dejar absolutamente clara la profundidad de su conexión, evocó los versos de “A la luz de los cocuyos”, cantando sobre besos y brazos bajo la luz de las luciérnagas.
Su confesión final fue un desafío silencioso al entrevistador y a la historia misma: “¿Le sirve de respuesta o no?”.
Esto no era solo admiración artística. Era la voz de un amor que nunca se declaró abiertamente en vida, pero que encontró su expresión eterna en las canciones que ambos hicieron inmortales. Lucha Villa no fue solo su mejor intérprete; fue la guardiana de un secreto sentimental que ahora, a través de su propio testimonio, se suma a la leyenda del hombre que sigue siendo el Rey.















