La alfombra roja del Teatro Chino tenía un brillo extra esta noche. Y no era solo por las cámaras. Margot Robbie llegó al estreno de Cumbres Borrascosas del brazo de Jacob Elordi, pero lo que realmente capturó todas las miradas fue el tesoro que colgaba de su cuello.
Se trataba del icónico diamante Taj Mahal con forma de corazón, una pieza cargada de tanto romanticismo y drama como la propia película que promocionaban. La adaptación dirigida por Emerald Fennell revive la tormentosa historia de amor entre Heathcliff y Catherine, y qué mejor símbolo que una joya forjada en una pasión legendaria.
Esta gema fue un regalo de Richard Burton a Elizabeth Taylor para su 40 cumpleaños, hace más de medio siglo. Un gesto tan grandioso como su romance.
La historia detrás del colgante es una novela en sí misma. El corazón de jade lleva una inscripción en persa que dice “El amor es eterno”. Originalmente perteneció a Nur Jahan, esposa del emperador mogol Shah Jahangir. Luego pasó a su hijo, Shah Jahan, quien se lo dio a su amada Mumtaz Mahal. ¿Suena familiar? Tras la muerte de ella, él construyó el Taj Mahal en su memoria. De ahí el nombre del diamante.
Cartier adquirió la pieza y su diseñador, Alfred Durante, la transformó. Cambió el cordón de seda tradicional por una deslumbrante cadena de oro adornada con rubíes y diamantes. En 1972, Michael Thomas de Cartier se la mostró a Burton y Taylor. Él buscaba ideas para San Valentín y el cumpleaños de ella.
Burton compró el collar en secreto y sorprendió a Taylor en su fiesta de 40 años en Budapest. Un símbolo perfecto para un amor de película.
No fue solo un accesorio glamoroso. Fue una declaración calculada. Al usar esta joya perteneciente a una de las parejas más famosas y apasionadas de Hollywood, Robbie conectaba directamente con los temas centrales de Cumbres Borrascosas: un amor intenso, posesivo y capaz de trascender generaciones.
Mientras la cinta explora los páramos salvajes de Yorkshire y una relación marcada por celos y venganza, el collar contaba su propia historia paralela de deseo, regalos imperiales y un legado que perdura siglos después. A veces, en la alfombra roja, lo que llevas puesto habla más fuerte que las palabras.


















