Mientras se prepara para celebrar tres décadas de carrera, El Gran Silencio pone el foco en algo más que la música. La banda, un estandarte para la comunidad chicana, habla claro sobre el clima migratorio actual en Estados Unidos. Y no es algo abstracto: les está afectando directamente en los escenarios.
La constante presencia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) ha complicado su trabajo. Ha cambiado su relación con ese público migrante que siempre los ha seguido. Tony Hernández, vocalista del grupo, lo explica sin rodeos.
“Lo hemos sufrido constantemente cuando vamos; es como llegar a un tope de la degeneración político-social que se vive en Estados Unidos”
Asegura que aunque esta intervención parezca reciente, ellos ya lo veían venir. Siempre lo han tenido en cuenta al planear shows y gestionar visas. Pero el panorama actual ha llevado las cosas a otro nivel.
“Sabíamos que esto venía y teníamos contemplado que íbamos a batallar con las visas y los shows serían más arriesgados. Ahorita es muy difícil hacer conciertos porque aparece gente del ICE y, aunque muchos estén en regla, siempre es una forma de estar molestando”
El Gran Silencio deja claro una cosa: no usan el estandarte latino como simple estrategia comercial. Su mensaje de resistencia y resiliencia viene de lejos, tejido en sus canciones. Es parte de lo que son.
“Es difícil ver que nuestros paisanos estén pasando por situaciones tan complicadas. Somos un grupo que siempre ha estado al pendiente de los temas sociales y con nuestras canciones buscamos resistir”
Treinta años después, la música sigue siendo su trinchera. Pero ahora el escenario viene con un control adicional en la puerta.


















