En el gran teatro de la fama, algunos artistas no solo actúan en el escenario. Parece que ciertos privilegios vienen con un pase especial, uno que algunos interpretan como un permiso para transgredir los límites más básicos de la decencia humana.
Julio Iglesias es ahora el nombre que se suma a una lista poco honorable. España lo investiga, pero es solo el último acto de una función que lleva años en cartelera.
En México, el guion es tristemente familiar. Kalimba, el cantante, ya conoce los pasillos del Reclusorio Preventivo Varonil Sur. Pero como en un mal juego de serpientes y escaleras, la libertad bajo fianza fue su escalera de salida. Ahora Melissa Galindo sostiene el micrófono de la denuncia.
Luis de Llano, el productor, escribe su propia trama de impunidad. Sasha Sokol fue su primera y valiente narradora, exponiendo años de abuso. Él sigue libre, dirigiendo su vida desde fuera de cualquier celda.
“Sasha Sokol fue la primera mujer en denunciar públicamente a De Llano, quien abusó de ella durante varios años.”
Jorge “Coco” Levy también tuvo su momento bajo los focos acusatorios. Danna Ponce relató una agresión durante lo que debería haber sido una simple entrevista de trabajo. El escenario laboral se convirtió en un lugar de trauma.
La justicia, lenta y pesada, a veces llega. Ricardo Crespo, ex Garibaldi, recibió una sentencia: 19 años. Su víctima fue su propia hija, violentada desde los cinco hasta los catorce años. Una condena que parece un número pequeño frente a nueve años de horror infantil.
Patricio Cabezut y Héctor Parra completan este reparto siniestro. Acusaciones que manchan profundamente la imagen pública, revelando una oscuridad detrás del brillo de las cámaras.
Parece existir un manual no escrito: alcanza la fama, acumula poder y dinero, y tal vez creas que las reglas comunes ya no aplican para ti. La verdad incómoda es que para algunas víctimas, el camino hacia la justicia está lleno de obstáculos que el estatus y la influencia del agresor colocan deliberadamente.
El espectáculo debe continuar, pero quizás es hora de cambiar por completo la obra.















