Se apagó una voz fundamental. Bob Weir, el guitarrista cuyo trabajo con los Grateful Dead ayudó a crear el sonido de la contracultura californiana en los 60, falleció a los 78 años.
La noticia llegó el sábado a través de un comunicado en su cuenta de Instagram. “Es con profunda tristeza que compartimos el fallecimiento de Bobby Weir”, decía el texto. “Él hizo la transición pacíficamente, rodeado de seres queridos, después de vencer valientemente al cáncer como sólo Bobby podía. Desafortunadamente, sucumbió a problemas pulmonares subyacentes”.
Weir se unió a la banda -que originalmente se llamaba The Warlocks- en 1965. Tenía apenas 17 años. Lo que siguió fueron tres décadas de giras interminables junto a Jerry Garcia, en maratones musicales que definieron una era.
Fue la voz principal en clásicos como “Sugar Magnolia”, “One More Saturday Night” y “Mexicali Blues”. Después de la muerte de Garcia en 1995, Weir se convirtió en el rostro más reconocible del grupo.
El comunicado lo resume así: “Durante más de sesenta años, Bobby salió a la carretera. Un guitarrista, vocalista, narrador y miembro fundador de los Grateful Dead. Bobby será para siempre una fuerza guía cuya singular creatividad transformó la música estadounidense”.
Con su partida, solo queda un miembro original vivo: el baterista Bill Kreutzmann. El bajista Phil Lesh murió el año pasado. Mickey Hart, quien se unió en 1967, también sigue con vida.
Justo el pasado julio, Dead & Company -la formación actual- celebró el 60 aniversario de la banda en San Francisco. Tres días de conciertos que atraían a 60 mil personas por jornada.
Weir siempre fue el más joven del grupo. En los primeros años parecía un estudiante de secundaria. Menos desaliñado que sus compañeros, aunque con los años adoptaría la barba larga característica.
El año pasado, cuando los Dead recibieron el honor Persona del Año en los Grammys, Weir reflexionó: “La longevidad nunca fue algo que nos preocupara mucho. Difundir alegría a través de la música fue todo lo que realmente tuvimos en mente”.
Y vaya si lo lograron. La banda sobrevivió mucho más allá del movimiento hippie que la vio nacer. Sus fanáticos -los Deadheads– crearon una cultura única: seguían las giras por todo el país, manteniendo viva una tradición que resistió todos los cambios culturales.
La música continuará sonando. Las grabaciones seguirán girando. Pero hoy falta una voz esencial en ese coro eterno.
















