Neil Young regala su música a Groenlandia en gesto político

Neil Young acaba de hacer algo que pocos artistas de su talla harían: regalar toda su música. No a un fan, ni a una ciudad, sino a todo un territorio. Groenlandia, ese lugar remoto que últimamente está en medio de tensiones geopolíticas, ahora tiene acceso gratuito por un año al catálogo completo del canadiense.

“Espero que mi música y mis películas musicales alivien parte del estrés y las amenazas injustificadas que están experimentando”, escribió Young en su blog.

El mensaje es claro. Es un gesto de “Paz y Amor”, como él mismo lo llama, dirigido directamente a los habitantes de ese lugar. Pero para acceder, hay una condición: necesitas un número de teléfono registrado allí. Su manager confirmó a The Associated Press que la oferta es real.

Y aquí está el detalle que lo hace aún más interesante. Este regalo contrasta brutalmente con otra decisión reciente del músico. Hace poco, retiró toda su música de Amazon Music. ¿La razón? Un desacuerdo político profundo.

“Amazon es propiedad de Jeff Bezos, un multimillonario que apoya al presidente”, explicó Young la semana pasada. “Si sientes como yo, te recomiendo encarecidamente que no uses Amazon”.

Esto no es nuevo para él. Los que seguimos su carrera sabemos que Neil Young lleva años usando su arte como arma de protesta. ¿Recuerdan cuando sacó toda su música de Spotify? Fue una protesta contra la desinformación sobre las vacunas en el podcast de Joe Rogan. Después volvió, pero el mensaje ya estaba dado.

La lección aquí es clara: Para Young, la distribución de su música nunca ha sido solo un negocio. Es una extensión de sus creencias. Donde ve injusticia o apoyo a políticas con las que no comulga, retira su arte. Donde ve a gente bajo presión, como en Groenlandia, lo ofrece gratis.

Es una postura costosa, sin duda. Renunciar a los ingresos de una plataforma gigante como Amazon no es poca cosa. Pero él prefiere la coherencia a la comodidad. Es el tipo de decisión que solo toma alguien con décadas de experiencia y la libertad financiera y creativa para hacerlo.

Al final, más allá del gesto bonito hacia Groenlandia, este movimiento nos recuerda el poder (y el precio) de alinear totalmente tu arte con tus principios.

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