Un viaje en el tiempo con propósito
En este negocio, he visto innumerables campañas intentar capturar la magia del pasado. Lo que Victoria’s Secret ha logrado con “A Very VS Valentine’s” es una lección magistral en marketing emocional. No se trata solo de vender lencería; se trata de tejer una narrativa que conecta generaciones. Recuerdo vívidamente el impacto de la campaña original de Gisele Bündchen en 2001. En aquel entonces, esa imagen de despreocupación sensual dentro de un cajón rompió moldes. Hoy, revivir ese instante con Hailey Bieber no es una simple copia; es una declaración de intenciones. Demuestra que la marca comprende que su legado visual es su activo más valioso.
La reinterpretación: respetar el icono, hablar al presente
La clave, y esto es algo que solo la experiencia te enseña, está en los matices. Mientras Gisele encarnaba una fantasía rosa lisa y directa de principios de milenio, el enfoque con Hailey es más lúdico y autorreferencial. Los corazones, el encaje en tonos pastel… son códigos visuales que la audiencia actual decodifica al instante como “romántico” y “viral”. He aprendido que una recreación falla cuando es demasiado literal. El éxito aquí radica en mantener la esencia de la pose y la escena —esa intimidad casual— mientras se actualiza completamente el lenguaje estético. Es un puente perfecto entre la nostalgia por una era dorada y las expectativas visuales contemporáneas.
Más que una imagen: una estrategia de colección
Un error común es centrar toda la energía en una sola pieza espectacular. La sabiduría práctica de esta campaña se observa en el ecosistema de productos que la acompaña. No es solo la foto de la cómoda. Al ofrecer desde pijamas satinados para el Galentine’s Day hasta piezas atrevidas en rojo pasión, la marca reconoce la pluralidad del amor y la feminidad actual. En mis años, he visto cómo las colecciones monotemáticas fracasan. “A Very VS Valentine’s” acieta al celebrar la autoexpresión en un espectro amplio: lo íntimo, lo compartido con amigas, lo sensual sofisticado. Es una invitación, no una imposición de un único ideal romántico.
El valor de una musa con contexto
La elección de Hailey Bieber no es casual. Desde su ingreso al VS Collective, ha demostrado ser más que un rostro bonito; es una empresaria digital que comprende el engagement. Su papel aquí trasciende el de modelo: funciona como una traductora cultural. Ella personifica ese equilibrio entre el respeto por el archivo de la marca (su conocimiento de la referencia a Gisele) y su propia estética moderna, amplificada en redes sociales. Esto genera autenticidad. Una lección crucial que puedo compartir es que las campañas más creíbles son aquellas donde la embajadora y el concepto tienen una conexión genuina y narrativa, no solo comercial.
Reflexión final: el amor como estrategia perdurable
Al final del día, tras décadas en la industria, confirmo que las emociones bien articuladas nunca pasan de moda. Esta campaña funciona porque va más allá de la tendencia estacional. Aprovecha el capital sentimental de la marca para hablar de amor en 2026: un amor que puede ser nostálgico, moderno, íntimo, compartido o audaz. No ofrece solo productos; ofrece pertenencia a una historia continua. Ese es el tipo de conexión que construye lealtad a largo plazo, y es un recordatorio poderoso de que, en un mundo de contenido efímero, un icono bien reinterpretado tiene el poder de perdurar.

















