Yandel convierte el Auditorio Nacional en pista de perreo sinfónico

El frío afuera del Auditorio Nacional no importaba. Adentro, la energía era otra cosa. La gente llegó lista, con su mejor estilo para una noche que prometía ser épica. Gorras, lentes oscuros, looks pensados para moverse. Afuera, hasta los puestos de santos tenían un toque especial: San Yandel estaba en la ciudad.

A las 9 en punto, la orquesta comenzó a calentar. Los aplausos crecieron cuando el director apareció. Y de repente, ahí estaba él. Yandel, con gorra negra y chamarra de cuero, arrancó con Puño de Tito. Desde el primer compás quedó claro el plan: esto era reguetón clásico, pero con un giro elegante.

“Estoy feliz de estar aquí con todos ustedes y que la casa esté llena”, dijo apenas empezar.

Agradeció que las entradas se hubieran agotado rapidísimo. Muchas bendiciones, muchas gracias. Espero que nunca me olviden, soltó antes de sumergirse en los éxitos.

La lista de canciones fue un viaje en el tiempo. Nunca me olvides, Abusadora, Te siento… Antes de Noche de sexo, tuvo un mensaje para los hombres en el público: Si están en una cita, dedíquensela a alguien. Luego pidió los flashes para una foto y siguió con El Teléfono.

El primer momento donde todo estalló fue con un medley imparable: Mírala bien, Rakata, Ahora es y Pam Pam. En ese instante, el Auditorio dejó de ser un recinto formal. Se convirtió en una pista de baile gigante.

La noche fue un repaso por toda su carrera, tanto en solitario como con Wisin & Yandel. El dúo que dominó una era. Él reinventa esos hits con arreglos que mantienen el ritmo urbano pero le añaden una capa sinfónica. Funciona mejor de lo que suena.

Después de temas como Encantadora y Báilame, anunció un viaje a 2005, a la época del MySpace. Para los fans del reguetón old school, Yandel es una referencia obligada. Su voz y su flow cruzaron océanos. Es hombre de pocas palabras; prefiere que hablen sus pasos de baile. Y vaya que hablaron esa noche.

A pesar de la orquesta y los arreglos elegantes, el ambiente era puro antro. La gente se movía en sus butacas, parejas perreando donde podían. Dijo que no le gusta llegar solo y presentó a Gadiel, a quien llamó su sangre. Juntos tocaron La Pared y Plakito.

Ahí sí, el perreo se encendió al máximo. Todo el mundo de pie con los himnos: Mayor que yo y Noche de entierro. Canciones que ya son parte del ADN del género.

Como siempre lo ha dicho, México es uno de sus países favoritos. Lo demostró cuando la orquesta atacó El Son de la Negra. De repente, apareció un mariachi completo.

Cantaron ‘El Rey’, ‘México lindo y querido’ y ‘Cielito lindo’. Una postal perfecta para sellar la hermandad entre Puerto Rico y México desde la música popular.

Tras ese momento más orquestal, Yandel volvió más ligero, sin la chamarra y con una playera que simulaba su cuerpo tatuado. Presentó Lloro por ti, Dime qué pasó y Estoy enamorado.

¡Vamos pa’l perreo!, gritó antes de lanzarse a En la disco bailoteo. Salieron bailarines, la energía subió otro nivel con temas como Mami no me deja, Te suelto el pelo y Dembow.

Hizo una pausa para reconocer al talento local.

“Los duros son de aquí de México. Yo a cada lugar que voy siempre traigo a la orquesta del lugar. Son gente muy talentosa que se aprendieron todo”, dijo, dando crédito al maestro Javier y su equipo.

Este show en la CDMX es parte de una gira internacional que ya llenó recintos en Nueva York y Miami. Este concepto híbrido se está consolidando como uno de los proyectos más innovadores del reguetón hoy.

A una semana del lanzamiento de su nuevo material Infinito, también dio espacio a lo nuevo: Cómo es que se hace, Explícale, Frontiemos y Sácala.

Recordó sus inicios y el cariño mutuo con el público mexicano.

“Yo siempre hice que la gente de México me apoyara desde los comienzos. En Puerto Rico siempre se comentaba: ‘Si tú entras a México, vas a vivir toda tu vida de México'”

Para probarlo, presentó a Sour , un cantante nuevo con ambiciones: cantaron Everyday ante un público que respondió con calidez inmediata.

El final se acercaba con Háblame claro (su colaboración con Feid) manteniendo esa línea directa con los fans hasta cerrar con Seguimos acercándonos y Feid 150.

Afuera seguía haciendo frío en Reforma.Adentro, solo se sentía el calor del perreo colectivo y el eco del reguetón clásico.

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