La situación en el norte de Siria da otro giro. Este viernes, las fuerzas leales al gobierno de Damasco asumieron el control de la prisión de al-Aqtan, en Raqqa. Un centro que, según las autoridades, alberga a miembros del grupo extremista Estado Islámico.
La pregunta es inevitable: ¿cómo se llegó a este punto? El avance se produce después de que cientos de combatientes kurdos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) abandonaran la zona. Fue parte de un acuerdo reciente, tras días de negociaciones intensas.
“La autoridad penitenciaria gubernamental está ahora a cargo… y se están revisando los expedientes de los detenidos”, explicó el Ministerio del Interior sirio en un comunicado.
Pero este no es un caso aislado. Es la segunda cárcel que pasa a manos del gobierno en una semana. El lunes, las tropas entraron en la prisión de Shaddadeh, cerca de Irak. Allí, el caos permitió que 120 presos del EI escaparan. La mayoría fueron recapturados, según la prensa estatal. Un dato que genera más preguntas que respuestas sobre la seguridad real de estas instalaciones.
El trasfondo es una ofensiva militar lanzada por Damasco a principios de enero contra zonas controladas por los kurdos en el noreste. Esto provocó el desplazamiento de miles de personas. Tras varios intentos fallidos, se declaró un alto el fuego temporal.
El acuerdo final parece complejo. Fue negociado por Ahmad al-Sharaa, presidente interino, y Mazloum Abdi, comandante de las FDS. Incluye la integración futura de esta fuerza kurda en los ministerios sirios de Defensa e Interior. Una promesa política que muchos observadores miran con escepticismo.
Mientras tanto, en Washington, otro movimiento llamaba la atención. El ejército estadounidense anunció que ha comenzado a trasladar a algunos de los 9.000 miembros detenidos en centros controlados por las FDS. Una operación logística masiva y delicada.
¿Qué hay dentro de al-Aqtan? El gobernador de Raqqa, Abdul-Rahman Salama, estima que hay hasta 2.000 detenidos. La gran incógnita es cuántos están realmente vinculados al EI. Para inspeccionar las condiciones, el viceministro del Interior, el general Abdul-Qader Tahan, visitó la prisión este mismo viernes.
Las FDS emitieron su propio comunicado. Confirmaron que, con apoyo de la coalición liderada por EE.UU., trasladaron a los casi 800 combatientes asignados a proteger al-Aqtan “a lugares seguros”. Reconocieron además que en la prisión había detenidos de la “organización terrorista” EI.
Este intercambio territorial y carcelario revela una realidad incómoda. Las FDS fueron la principal fuerza que combatió al EI durante una década y capturaron su último bastión en 2019. Ahora, entregan sus prisiones al gobierno contra el que también lucharon.
La toma del campamento de al-Hol el miércoles pasado completa el cuadro. Allí estaban retenidas decenas de miles de mujeres y niños vinculados a los extremistas.
Al final del día, lo que parece una simple transferencia administrativa es en realidad un reacomodo profundo del poder en Siria. Damasco recupera territorio y control sobre una población carcelaria peligrosa sin disparar un tiro en este punto específico.
Los kurdos obtienen un respiro militar y una promesa política difusa. Y miles de extremistas capturados cambian de custodio en medio de una guerra fría entre antiguos aliados y actuales rivales.
La verdadera prueba comenzará ahora: si Damasco puede o quiere garantizar la seguridad permanente de estas instalaciones y evitar nuevas fugas masivas como la de Shaddadeh.


















