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Internacional

El Gran Teatro Bélico de la Revolución Bolivariana

Una movilización ciudadana que revela el absurdo teatro geopolítico y las contradicciones de un régimen bajo presión.

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El Gran Teatro Bélico de la Revolución Bolivariana

En un despliegue de patriotismo tan espontáneo como las colas para conseguir harina, hordas de funcionarios públicos venezolanos fueron convocados esta semana al sublime ritual de inscribirse en las milicias populares. El motivo: un llamado del Máximo Líder para defender la patria de un enemigo externo tan escurridizo como los medicamentos en las farmacias.

Foto: Agencia AP.

El sublime espectáculo se desarrolla mientras tres buques de guerra estadounidenses navegan hacia el Caribe con la misión oficial de combatir el narcotráfico, y la extraoficial de hacer sudar la proverbial gota fría en el Palacio de Miraflores. No es para menos: Washington ha duplicado la recompensa por el capturador de mariposas número uno del país, ofreciendo ahora cincuenta millones de dólares por su cabeza, acusado de narcoterrorismo con la misma convicción con que el gobierno bolivariano acusa a EE.UU. de imperialismo.

“A todo enemigo hay que tomarlo en serio”, declaró a AP Susana González, una septuagenaria empleada del Ministerio de Turismo que, armada con valor y probablemente artritis, se prepara para repeler invasores. La lógica es impecable: cuando no puedes garantizar luz eléctrica, prepara a tus abuelitas para la guerra asimétrica.

La vicepresidenta Delcy Rodríguez, en un discurso que mezclaba la épica homérica con el realismo mágico, exhortó a la población a defenderse de “una calumnia terrible para justificar una intervención”. Curiosamente, no especificó si se refería a la intervención militar extranjera o a la intervención del Fondo Monetario Internacional que su gobierno ahora solicita en privado.

El régimen sostiene que incorporará 4,5 millones de milicianos a las labores de seguridad ciudadana. Cifra tan verosímil como que Venezuela tiene la gasolina más barata del mundo o que los bodegones de Panamá están vacíos. Los expertos, esos aguafiestas de la revolución, señalan que el respaldo gubernamental ha caído en picado mientras millones huyen del paraíso socialista, incluyendo a muchos que preferirían empuñar un pasaporte antes que un fusil.

Estas milicias, creación del eternamente presente Comandante Chávez, constituyen el ejército de reserva espiritual de la revolución. Ciudadanos voluntarios que reciben formación militar entre apagones y participan en ejercicios castrenses entre colas para el CLAP. Mientras la Fuerza Armada regular cuenta con unos 200.000 miembros, las milicias populares exhiben esa matemática revolucionaria donde 4,5 millones > 200.000, excepto cuando se trata de dólares por barril de petróleo.

En este gran teatro geopolítico, cada actor interpreta su papel: Washington el sheriff antidrogas, Caracas el gobierno acosado por el imperio, y los ciudadanos comunes, esos extras que hacen cola tanto para el combate como para la comida, esperando que el final de la obra no incluya bombas reales entre los efectos especiales.

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