Parece que en el mundo corporativo moderno, la mano derecha no solo ignora lo que hace la izquierda, sino que puede jurar bajo juramento que ni siquiera sabe que tiene una mano izquierda. Esta es la sublime comedia de errores que se desarrolla entre París y una gigante tecnológica.
El ministro de Finanzas galo, Roland Lescure, ha lanzado un llamado público que suena más a ultimátum. Instó a la empresa francesa Capgemini a ser “extremadamente transparente” sobre un contrato que una de sus subsidiarias firmó con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE).
“Insto a Capgemini a arrojar luz, de manera extremadamente transparente, sobre sus actividades, sobre esta política, y sin duda a cuestionar la naturaleza de estas actividades”, dijo Lescure.
El meollo del asunto es simple: ¿Cómo puede una empresa matriz no saber qué hace una parte fundamental de su propio cuerpo? Capgemini Government Solutions (CGS), la subsidiaria en cuestión, firmó el acuerdo con ICE en diciembre. Pero el CEO global de Capgemini, Aiman Ezzat, declaró haberse enterado del asunto… recientemente.
Su explicación fue un monumento al laberinto legal corporativo. Dijo que CGS opera bajo un acuerdo especial para manejar trabajos clasificados del gobierno estadounidense. Esto implica redes separadas, una junta directiva independiente con ciudadanos estadounidenses autorizados, y —aquí está la joya— que el Grupo Capgemini no puede acceder a ninguna información sobre lo que hace su propia subsidiaria.
Para Lescure, este argumento es tan convincente como un castillo de naipes.
“Les dije que esta explicación no era suficiente”, comentó el ministro. “Y que lo mínimo que se puede esperar es que una empresa que posee subsidiarias debe saber lo que está sucediendo dentro de esas empresas”.
El contexto no ayuda. El contrato emerge mientras el ICE intensifica redadas migratorias bajo órdenes del gobierno de Trump, operaciones que ya han tenido consecuencias letales. La presión sobre Capgemini no es solo ética; es política. Francia observa cómo una de sus empresas bandera se vincula con políticas migratorias cada vez más controvertidas al otro lado del Atlántico.
Ahora, la pelota está en la cancha de Capgemini. Su junta directiva independiente en CGS ha iniciado una revisión del contrato. Pero la demanda francesa es clara: transparencia total. En el juego global de los negocios y los principios, a veces ni siquiera tu propia subsidiaria es tu aliada.

















