Irán responde a etiqueta de terrorismo con amenazas y maniobras

La tensión sube otro nivel. Teherán ha llamado a consultas a todos los embajadores de la Unión Europea. La razón es clara y contundente: el bloque comunitario acaba de designar a la Guardia Revolucionaria Iraní como una organización terrorista.

La respuesta iraní no se hizo esperar. Desde el Ministerio de Exteriores calificaron la medida europea de “ilegal e injustificada”. Pero esto va más allá de las palabras. Están analizando “opciones de respuesta” que serán evaluadas por las más altas instancias del régimen.

Y aquí viene el primer giro revelador. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, lanzó una bomba retórica. Basándose en una ley de 2019, afirmó que Irán ahora considera a todos los ejércitos de la Unión Europea como grupos terroristas. Esto no es un simple intercambio diplomático; es una escalada deliberada.

“Con base en una ley de 2019, Irán ahora considera a todos los ejércitos de la Unión Europea como grupos terroristas”, afirmó el presidente del Parlamento iraní.

Mientras las declaraciones vuelan, los movimientos en el terreno pintan un panorama aún más preocupante. En el estrecho de Ormuz, un cuello de botella crucial por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial, la Guardia Revolucionaria está realizando maniobras militares. El mensaje es claro: tenemos la capacidad de estrangular el comercio global si es necesario.

Pero, ¿qué hay detrás de esta designación europea? No es un acto aislado. La UE sostiene que busca aumentar la presión internacional sobre Teherán, sumándose a sanciones ya impuestas por Estados Unidos y Canadá. El motivo central: el papel clave de la Guardia en la represión de las protestas internas del año pasado, que dejó un saldo trágico de miles de muertos y detenidos.

En medio de este polvorín, aparece un actor intentando apagar la mecha: Turquía. Funcionarios turcos confirmaron que buscan concretar una reunión entre el enviado especial de Washington, Steve Witkoff, y representantes iraníes. Un canal de diálogo urgente, porque al otro lado del tablero, Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en la región.

La Guardia Revolucionaria no es un ejército convencional. Surgida tras la Revolución Islámica de 1979, se ha convertido en uno de los pilares absolutos del poder en Irán, con tentáculos en lo político, lo económico y lo militar. Etiquetarla como terrorista es golpear el corazón mismo del sistema.

Teherán llama a su población a no alarmarse ante una posible guerra. Sin embargo, la combinación es explosiva: sanciones internacionales crecientes, despliegues militares visibles y esfuerzos diplomáticos frenéticos que chocan contra declaraciones beligerantes. Cada movimiento acerca más a esta crisis diplomática a un punto sin retorno.

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