La CIA utilizó una fuente interna y drones para vigilar a Maduro antes de su captura

Una fuente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) infiltrada en el gobierno venezolano proporcionó información crucial sobre la ubicación de Nicolás Maduro en los días e incluso momentos previos a su captura por fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos. Esta información, confirmada por personas familiarizadas con los detalles de la operación, fue complementada con una vigilancia casi constante ejecutada por una flota de drones furtivos desplegados sobre territorio venezolano. La combinación de inteligencia humana y tecnológica permitió a los planificadores estadounidenses establecer con precisión los patrones de movimiento y el paradero del líder venezolano.

El trabajo de campo de la agencia se intensificó desde agosto, con un grupo de agentes operando de manera clandestina en Venezuela. Su objetivo principal fue recopilar datos detallados sobre los hábitos y la logística de seguridad de Maduro, lo que en terminología de inteligencia se conoce como su “patrón de vida”. Este meticuloso proceso de recolección de información es fundamental para planificar una operación de alta precisión y minimizar riesgos. Aunque no se ha revelado la identidad ni el método de reclutamiento de la fuente dentro del gobierno venezolano, analistas señalan que la sustancial recompensa de 50 millones de dólares ofrecida por Washington por información que condujera a la captura de Maduro pudo ser un factor determinante para facilitar el acceso a información privilegiada.

Esta operación se enmarca en un contexto de mayor agresividad en las operaciones encubiertas de la CIA, una postura públicamente defendida por su director, John Ratcliffe, durante su audiencia de confirmación. Ratcliffe prometió una agencia más proactiva, alineada con la política exterior estadounidense. En el otoño pasado, el entonces presidente Trump autorizó a la agencia a emprender acciones más audaces, y en noviembre dio luz verde a la planificación de una serie de operaciones en Venezuela. Un ejemplo previo de esta nueva doctrina fue el ataque con un dron armado contra un muelle utilizado, según las autoridades estadounidenses, para el tráfico de drogas a finales de diciembre.

La captura de Maduro fue, en esencia, el resultado de una colaboración profunda y prolongada entre la comunidad de inteligencia y el ejército. Un alto funcionario estadounidense describió que Maduro estuvo “intervenido” —es decir, localizado y monitoreado con exactitud— desde las primeras etapas de la planificación. A pesar del papel central de la CIA en la fase de inteligencia y vigilancia, la misión final fue ejecutada como una operación de aplicación de la ley por las fuerzas de operaciones especiales del ejército, bajo un marco legal distinto al de una operación encubierta dirigida exclusivamente por la agencia. Esta distinción es relevante en términos de autoridad legal y responsabilidad, marcando una línea entre la recolección de información y la acción militar directa.

El éxito de la operación subraya la evolución de las capacidades de inteligencia moderna, donde la información humana de alto valor se fusiona con tecnología de vigilancia persistente. Los drones furtivos, difíciles de detectar por los sistemas de defensa aérea, proporcionaron una cobertura omnipresente que validó y complementó los informes de la fuente en tierra. Este caso de estudio operativo demuestra cómo las agencias de inteligencia contemporáneas integran múltiples disciplinas para lograr un objetivo estratégico, marcando un precedente significativo en la compleja relación entre Estados Unidos y Venezuela. Las implicaciones de este evento resonarán en los ámbitos de la geopolítica, la inteligencia y el derecho internacional, redefiniendo los límites de las operaciones encubiertas en el siglo XXI.

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