La flota de la persuasión y el martillo de medianoche

En un despliegue de diplomacia moderna, el ex presidente Donald Trump anunció el envío de una ‘imponente armada’ hacia las costas de Irán. La flota, encabezada por el USS Abraham Lincoln, parece ser su versión de una tarjeta de visita gigante.

En su red social preferida, explicó que esta es ‘más grande’ que la enviada previamente a Venezuela. Su mensaje fue un clásico de la sutileza: lista para actuar ‘con rapidez y violencia, si es necesario’. La caricia previa al golpe.

“Como ya le dije a Irán una vez: hagan un acuerdo”, escribió Trump.

La referencia a la ‘Operación Martillo de Medianoche’ de 2025 sirvió como amable recordatorio de las opciones sobre la mesa. Un nuevo ataque, advirtió, sería ‘mucho peor’. Es la escuela de negociación donde el palo es un portaaviones y la zanahoria es no ser bombardeados.

Todo esto ocurre en el escenario que él mismo ayudó a montar: la retirada del acuerdo nuclear de 2015. Irán, por su parte, ha ido aumentando progresivamente sus niveles de enriquecimiento de uranio. Una danza predecible donde cada paso se llama escalada.

Analistas señalan que este ballet militar busca reforzar la posición de Trump para un eventual proceso diplomático. Es decir, crear una crisis para luego venderse como el único que puede resolverla. Una estrategia tan vieja como el tiempo, pero con misiles más nuevos.

Desde Teherán, rechazaron lo que llaman una ‘política de amenazas y presión militar’. Afirman que no negociarán bajo coerción y exigen el levantamiento de sanciones. Los medios estatales iraníes lo calificaron como ‘guerra psicológica’.

Así funciona el diálogo entre grandes potencias en el siglo XXI. No con embajadores y notas verbales, sino con grupos de batile moviéndose por el Golfo Pérsico. La persuasión final siempre está a un botón rojo de distancia.

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