La Justicia Brasileña Actúa con Firmeza: Una Lección sobre la Aplicación de la Ley
En mi larga trayectoria observando sistemas judiciales, he aprendido que los momentos cruciales definen la fortaleza de las instituciones. Lo sucedido con el expresidente Jair Bolsonaro es un claro ejemplo. El Supremo Tribunal Federal de Brasil ratificó este lunes su ingreso en prisión, una decisión que, desde mi perspectiva, era previsible tras su confesión de haber intentado romper su dispositivo de vigilancia electrónica.
El expresidente de Brasil admitió que intentó romper su monitor de tobillo cuando estaba bajo arresto domiciliario. (Foto: AP)
He visto muchos casos en los que los acusados prueban los límites de las medidas cautelares. Un juez, con buen criterio, catalogó esta acción como un intento de evasión, un movimiento desesperado para eludir una condena de 27 años por liderar un asalto a la democracia y un intento de quiebre del orden constitucional.
Bolsonaro, de 70 años, fue detenido el sábado por la mañana y trasladado a una celda en la sede de la Policía Federal en Brasilia. Un tribunal unánime, compuesto por cuatro magistrados, dictaminó que el expresidente debe permanecer en prisión preventiva.
El juez Alexandre de Moraes, quien emitió la orden inicial, argumentó con sólidos fundamentos que Bolsonaro representaba un peligro de fuga. El exmandatario está próximo a comenzar a cumplir su extensa sentencia por intentar perpetuarse en el poder tras su derrota electoral en 2022 frente a Luiz Inácio Lula da Silva.
La resolución de De Moraes recibió el respaldo de sus colegas Flávio Dino, Cristiano Zanin y Carmen Lúcia en una sesión telemática del alto tribunal.
En un giro que recuerda a otras defensas que he presenciado, Bolsonaro alegó ante un juez asistente que un cambio en su medicación le provocó una crisis nerviosa y alucinaciones, lo que lo llevó a dañar el grillete electrónico. Sus médicos y abogados replicaron esta versión ante la prensa.
Sin embargo, la experiencia me ha enseñado a valorar los hechos por encima de las narrativas. De Moraes fue contundente en su decisión, señalando que “Bolsonaro… confesó haber quebrado el rastreador de tobillo en una falta grave, un incumplimiento reiterado de las medidas cautelares y una evidente falta de respeto al tribunal”.
Las autoridades fueron notificadas de que el aparato del exgobernante de ultraderecha fue manipulado a las 12:08 de la madrugada del sábado. La orden de captura se cursó pocas horas después, demostrando una respuesta institucional ágil.
Bolsonaro se encontraba bajo arresto en su domicilio desde el mes de agosto. Como suele ocurrir en estos episodios de alta tensión política, tanto seguidores como opositores del expresidente han salido a las calles en varias ciudades brasileñas desde que la noticia se hizo pública el sábado, un recordatorio de las profundas divisiones que persisten en el país.


















