Imaginen la escena: una Premio Nobel de la Paz, prófuga de la justicia en su propio país, anuncia desde Washington que volverá “pronto”. No es el guion de una película de espías, es la última jugada en el tablero político venezolano. María Corina Machado lo dijo claro: “Necesito estar allí”.
Pero aquí está el detalle cómico. Su salida en diciembre fue descrita como una “travesía” épica para recoger un premio. Ahora, el regreso promete ser la secuela. ¿Recibimiento con banda musical o con una orden de captura? El suspenso es digno de Hitchcock.
“Estoy planeando regresar a Venezuela lo antes posible”, declaró también a un medio alemán.
Lo más gracioso –o trágico– es la reacción del gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez: silencio total. Ni un tuit, ni un comunicado. Nada. Como si anunciar el retorno de la principal figura opositora fuera algo que pasa todos los días. Un maestro del ghosting político.
Machado no se ha mordido la lengua y ha señalado a Rodríguez como corresponsable de las “olas represivas” del pasado. Pero desde Miraflores, solo se escucha el ruido de un ventilador. Los analistas dicen que es una estrategia para “evitar escaladas”. O quizás simplemente no saben qué decir.
Mientras tanto, Machado urge por una “transición ordenada y pacífica”. Un concepto adorable en un país donde lo único ordenado ha sido el caos. Su retorno, si ocurre, podría ser el evento político del año o el prólogo de otro capítulo absurdo. Estén atentos a sus pantallas.














