Imagina abrir una puerta al pasado y encontrarte con un guepardo mirándote fijamente. Eso es lo que acaba de pasar en el norte de Arabia Saudita, donde científicos descubrieron algo que nunca habían visto: restos momificados de estos veloces felinos.
No son momias egipcias, ni tampoco congeladas en hielo. Estos animales se preservaron naturalmente en cuevas secas cerca de Arar, con edades que van desde 130 años hasta más de 1.800. Los investigadores excavaron siete momias completas junto con huesos de otros 54 individuos.
“Es algo que nunca había visto antes”, afirmó Joan Madurell-Malapeira de la Universidad de Florencia, quien no estuvo involucrado en el descubrimiento.
Los ojos nublados y las extremidades marchitas hacen que se asemejen a cáscaras secas. ¿Cómo ocurrió esta preservación milagrosa? Las condiciones secas y la temperatura estable de las cuevas probablemente jugaron un papel clave, según el estudio publicado en Communications Earth and Environment.
Pero el verdadero misterio es por qué tantos guepardos terminaron allí. Los científicos especulan que pudo ser un lugar seguro donde las madres daban a luz y criaban a sus cachorros.
Encontrar evidencia en tan buen estado de guepardos que vivieron hace tanto tiempo en esta parte del mundo es algo “completamente sin precedentes”, dijo el autor del estudio Ahmed Boug.
Este hallazgo es especialmente significativo porque los guepardos han desaparecido completamente de la península arábiga desde hace décadas. La pérdida de hábitat, la caza no regulada y la escasez de presas los llevaron a la extinción local.
Lo revolucionario viene ahora: al analizar los genes de estas momias, los científicos descubrieron que son más similares a los guepardos modernos de Asia y el noroeste de África. Esta información genética podría ser crucial para futuros esfuerzos de reintroducción.
Piensa en esto: normalmente solo encontramos huesos fosilizados o restos congelados de grandes mamíferos. Que un cadáver evite convertirse en comida para carroñeros como hienas y aves durante siglos es extraordinario. Este descubrimiento no solo nos habla del pasado, sino que podría ayudar a escribir el futuro de una especie amenazada.
















