Operación en Venezuela desata crisis geopolítica y debate global

Una intervención de alto impacto redefine el tablero geopolítico

Una incursión militar encubierta ejecutada por fuerzas estadounidenses resultó en la muerte de al menos 24 efectivos de seguridad venezolanos, según el reporte oficial de Caracas. La misión, diseñada para extraer y capturar al líder Nicolás Maduro y trasladarlo a suelo norteamericano para enfrentar acusaciones de narcotráfico, ha abierto una fractura diplomática de escala global.

El costo humano y la respuesta institucional

El fiscal general Tarek William Saab calificó los hechos como un crimen de lesa humanidad y anunció una investigación exhaustiva. Esta cifra se suma a los 32 militares y policías cubanos que, según La Habana, también perecieron en el operativo, lo que provocó un duelo nacional en la isla. Las redes sociales del aparato castrense venezolano se inundaron de un emotivo tributo digital, un collage audiovisual que fusionaba retratos de los caídos con imágenes de vehículos blindados destruidos y aviones sobrevolando Caracas, acompañado de un mensaje que juró restitución y justicia.

La narrativa política en Washington

Desde el epicentro del poder en Washington, el expresidente Donald Trump defendió la controvertida acción, señalando la coherencia bipartidista previa sobre la ilegitimidad del mandato de Maduro. Trump destacó que la recompensa por el capturado mandatario se duplicó bajo su administración, criticando la falta de reconocimiento por una gestión de alto riesgo exitosa. Sin embargo, esta postura choca con la creciente ansiedad geopolítica en el Capitolio, donde legisladores de ambos partidos expresaron preocupación por una deriva unilateral y expansionista en la política exterior, realizada sin una hoja de ruta clara para la nación sudamericana.

Repercusiones internacionales y un nuevo orden incierto

La captura de Maduro y la juramentación de Delcy Rodríguez como mandataria interina han agitado el ecosistema internacional. Encuestas revelan una ciudadanía estadounidense profundamente dividida, con una clara mayoría abogando por la autodeterminación del pueblo venezolano. Simultáneamente, la retórica de la administración estadounidense ha encendido alarmas, con amenazas veladas hacia Colombia por su rol en el tráfico de estupefacientes y renovados intereses en la adquisición de Groenlandia por razones geoestratégicas. Esta última provocó una declaración conjunta sin precedentes de potencias europeas, reafirmando la soberanía danesa sobre el territorio ártico.

El escenario post-operativo pinta un panorama de inestabilidad prolongada. Mientras Colombia presenta una queja formal por las declaraciones hostiles, la administración estadounidense afirma que ahora “gobernará” en Venezuela, con la mirada puesta en las inmensas reservas de crudo del país. El episodio no es solo la captura de un líder; es un punto de inflexión disruptivo que cuestiona las normas de la soberanía y anuncia una era de geopolítica digital y de recursos más impredecible y fragmentada.

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