Trump fractura su alianza con la ultraderecha europea

La imagen de Donald Trump y Viktor Orbán dándose la mano en Davos parece cosa del pasado. Los planes del expresidente estadounidense para intervenir en Groenlandia han abierto una brecha profunda en su relación con sus aliados ideológicos al otro lado del Atlántico.

Lo que parecía un bloque monolítico muestra sus primeras grietas serias. Líderes nacionalistas clave en Europa han salido a criticar abiertamente las amenazas de aranceles y lo que ven como una coerción sobre la soberanía groenlandesa.

Marine Le Pen, líder de la Agrupación Nacional en Francia, calificó el comportamiento de Trump como una interferencia extranjera.

Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, le comunicó directamente que sus medidas eran un error.

Incluso Nigel Farage, uno de los antiguos aliados más firmes del movimiento MAGA, consideró “hostil” la acción sobre Groenlandia. Es una señal clara: la afinidad ideológica tiene límites cuando se trata de soberanía nacional.

Sin embargo, no todos en el espectro político europeo reaccionaron igual. Figuras del flanco oriental, como el húngaro Viktor Orbán y el checo Andrej Babis, mantuvieron una postura mucho más cautelosa.

Orbán llegó a defender las acciones estadounidenses, tratándolas como asuntos internos o de la OTAN. Para él, mantener la relación estratégica con Washington es primordial, especialmente en temas de energía y seguridad.

Este desacuerdo no es solo retórico. Ya se traduce en acción dentro del Parlamento Europeo, donde legisladores de ultraderecha han apoyado medidas para frenar pactos comerciales con Estados Unidos. Es un rechazo directo a la presión de Trump.

Expertos advierten que esta tensión podría ser solo el comienzo. Si Trump continúa con políticas percibidas como intervencionistas, esta alianza transatlántica podría romperse por completo. Cada partido podría empezar a priorizar la defensa de su patio trasero por encima de cualquier deferencia hacia Washington.

La lección es clara: incluso entre aliados ideológicos, la soberanía nacional es una línea roja que no se cruza.

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