El equipo del Consejo de Seguridad Nacional del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió este miercoles para preparar una serie de opciones militares contra Irán que el mandatario podría ordenar en un futuro próximo. Esta información, confirmada por una fuente cercana a la reunión al diario Washington Post, marca un punto de inflexión tras la cancelación de los canales de diálogo con el gobierno de Teherán.
En la sesión de trabajo participaron figuras clave como el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. Juntos han diseñado un abanico de posibles respuestas que, según los análisis, no se limitan a la acción militar convencional. Sobre la mesa se han puesto también nuevas y severas sanciones económicas, operaciones cibernéticas ofensivas y un apoyo más explícito y tangible a los movimientos de protesta que sacuden ciudades iraníes. Este enfoque multifacético busca ejercer presión máxima sobre el régimen de los ayatolás.
La reunión se produce inmediatamente después de que Trump anunciara la orden de cancelar “todas las reuniones” con funcionarios iraníes. En consecuencia, el enviado presidencial para Oriente Medio, Steve Witkoff, suspendió todos los contactos que mantenía con el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, y su equipo. Esta ruptura diplomática formaliza un congelamiento de las relaciones que ya se encontraban en un estado crítico.
El presidente no ha descartado el uso de la fuerza militar, condicionándolo a que el gobierno iraní continúe reprimiendo las protestas civiles con violencia letal. En un mensaje dirigido a los manifestantes, Trump afirmó que “la ayuda estaba en camino”, una declaración ambigua que ha sido interpretada como un respaldo político y que podría preludiar un apoyo material más directo. La situación sobre el terreno es extremadamente grave. Organizaciones de derechos humanos que monitorean los eventos desde dentro y fuera de Irán ofrecen cifras escalofriantes. La agencia HRANA, con sede en Estados Unidos, reporta al menos 544 muertos en las protestas, mientras que la Organización Iraní de Derechos Humanos eleva la cifra a 648, incluyendo nueve menores. Fuentes extraoficiales, sin embargo, sugieren que el número real de víctimas podría ascender a miles, pintando un cuadro de represión brutal.
Dentro de la Administración Trump existe un debate significativo sobre la conveniencia de un ataque militar directo contra instalaciones gubernamentales o militares iraníes. Algunos asesores advierten sobre los altos riesgos de tal acción. Un ataque similar al bombardeo de instalaciones nucleares ocurrido en junio conlleva un peligro considerable de fallos de cálculo o de inteligencia errónea, lo que podría desencadenar una escalada impredecible y de amplio alcance. Además, persiste una corriente de pensamiento dentro del entorno presidencial que se muestra reticente a una intervención militar profunda en Oriente Medio. Esta postura argumenta que una acción de tal magnitud desestabilizaría aún más la región y entraría en contradicción con la filosofía de “America First”, que prioriza los intereses domésticos estadounidenses y aboga por evitar nuevos compromisos bélicos en el extranjero.
La evaluación de opciones, por tanto, transita por una delgada línea entre la demostración de fuerza y la contención. Las sanciones económicas representan una herramienta de presión probada, aunque de efectos graduales. Los ciberataques ofrecen un medio de acción más inmediato y con negación plausible, pero su impacto estratégico puede ser limitado. El apoyo a la oposición interna es una apuesta a largo plazo que busca un cambio desde dentro del país, pero expone a los manifestantes a un riesgo aún mayor si el respaldo exterior se percibe como una injerencia. La decisión final del presidente Trump, que se espera en los próximos días, definirá no solo el rumbo de la crisis con Irán, sino también el legado de su política exterior en una de las regiones más volátiles del mundo. La comunidad internacional observa con preocupación cómo se cierran las vías del diálogo mientras se preparan escenarios de confrontación, en un contexto marcado por el sufrimiento de la población civil iraní.

















