Este no es un invierno cualquiera. Es el más severo en años y está profundizando una crisis humanitaria que ya era enorme. Millones de ucranianos se enfrentan cada día a apagones, falta de calefacción y escasez de agua caliente mientras el termómetro marca temperaturas bajo cero.
La vida cotidiana se ha convertido en un desafío constante. Los ataques contra la infraestructura energética han dejado a ciudades densamente pobladas como Kiev, Dnipró, Odesa y Zaporiyia luchando contra el frío y la oscuridad.
Familias enteras buscan refugio donde pueden.
“Buscamos refugio temporal en trenes y tiendas de emergencia habilitadas por las autoridades”, explican ciudadanos. Son espacios donde pueden recargar dispositivos, acceder a alimentos calientes y, sobre todo, resguardarse del frío extremo.
Las autoridades han implementado medidas para mitigar el impacto, pero la situación sigue siendo crítica para demasiadas personas. La combinación de guerra e invierno está poniendo a prueba los límites de la resistencia humana.

















