Matamoros, Tamaulipas.– “Mi hijo está entre la muerte y la vida”. Con esa frase cargada de dolor y desesperación, la señora Liliana Suárez resume la angustia que vive desde hace más de 24 horas, mientras espera que su hijo Fidel Sánchez, de apenas 11 años, sea trasladado a un hospital de especialidades en Monterrey.
El menor sufrió un derrame cerebral y fue ingresado de emergencia al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de Matamoros el día de ayer a las 11:30 de la mañana. Desde entonces, su estado de salud ha sido reportado como crítico.
De acuerdo con la madre, el hospital en Monterrey ya aceptó recibirlo y cuenta con los especialistas necesarios para atenderlo. Sin embargo, el traslado no se ha concretado por un obstáculo que parece insólito ante la gravedad del caso: la supuesta falta de camillas disponibles.
“Se supone que desde ayer tenía que haberse mandado porque está crítico”, relata Liliana con la voz entrecortada. “No quiero esperar a que pase algo mayor, que se me muera y nada más porque no atienden a su momento”.
Una espera que se vuelve eterna
La familia ha solicitado información en repetidas ocasiones, pero aseguran que solo han recibido evasivas. La madre denuncia que personal del hospital le ha cerrado la puerta y le ha pedido regresar más tarde, sin darle respuestas claras sobre el traslado.
“Necesito respuestas ya. Mi hijo se está debatiendo entre la vida y la muerte y no voy a esperar más tiempo. No están ayudando, pura pérdida de tiempo, vueltas y vueltas”, expresa con indignación.
El miedo de perder a su hijo crece con cada minuto que pasa. “¿Qué esperan, a que se me muera mi hijo?”, cuestiona entre lágrimas.
Apoyos que intentan abrir camino
Ante la falta de soluciones, familiares han buscado ayuda externa. El diputado local Roberto Lee ha intervenido para gestionar un espacio en Nuevo León, y también se ha solicitado la intervención del gobernador Samuel García para agilizar el proceso.
“Ya tienen todo listo en Monterrey, solamente falta que haya camillas”, explica Liliana. “Es la vida de nuestros hijos y como derechohabientes tenemos el derecho de que nos den esa ayuda”.
Dos madres, una misma desesperación
El caso de Fidel no es el único. En el mismo hospital, otra madre enfrenta una situación similar con su bebé, lo que ha unido a ambas mujeres en un mismo clamor: que las autoridades actúen con rapidez y humanidad.
“Estamos desesperadas. El tiempo corre para mi hijo”, repite Liliana, mientras permanece afuera del hospital esperando una llamada que podría significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Un llamado urgente
La familia exige que se activen de inmediato los protocolos necesarios para que el menor sea trasladado cuanto antes al hospital que ya está dispuesto a recibirlo.
“Lo único que pido es que lo trasladen ya, que le den la oportunidad de vivir”, suplica la madre.
Mientras no haya una respuesta concreta, Liliana seguirá alzando la voz. Porque para ella no se trata de trámites ni de protocolos: se trata de su hijo, un niño de 11 años que hoy lucha por seguir respirando.
















