Parece que la ‘transformación’ en México tiene un lado oscuro y sangriento. Mientras se habla de cambios profundos, el Centro Católico Multimedial (CCM) acaba de soltar un dato que duele: 13 sacerdotes asesinados durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación.
Omar Sotelo Aguilar, director del CCM, lo dejó claro en conferencia. Diez de esos homicidios ocurrieron con AMLO en Los Pinos. Tres más han sucedido bajo Claudia Sheinbaum. Sí, es menos que los 19 del sexenio de Peña Nieto, pero la violencia, advierten, se ha recrudecido.
“Alrededor del 80% de los homicidios de sacerdotes y de los delitos cometidos contra templos permanece en la impunidad”, subrayó Sotelo Aguilar.
La cifra es brutal. Ocho de cada diez casos, sin resolver. Y no son cualquier tipo de crímenes. Hablamos de ataques a espacios religiosos y a personas que, muchas veces, son pilares en sus comunidades.
Dos de los tres sacerdotes asesinados en este sexenio —el padre Marcelo Pérez, en Chiapas, y el padre Bartolo Pantaleón Estrada, en Guerrero— eran conocidos precisamente por su activismo social y su defensa de derechos humanos.
El informe también documenta 23 asesinatos más de laicos vinculados a actividades parroquiales en estados como Chiapas y Guanajuato. La violencia no discrimina: alcanza a quienes tienen un liderazgo comunitario claro.
Así que ahí lo tienen. En medio del discurso oficial sobre un nuevo amanecer para México, hay una realidad persistente: balas, impunidad y luto para quienes visten sotana.
















