El director del FBI, Kash Patel, no escatimó elogios. Agradeció públicamente a México por una operación que sonó fuerte en ambos lados de la frontera: la captura de Ryan Wedding.
“Un tremendo agradecimiento al gobierno de México, la presidenta Sheinbaum, el secretario Harfuch, y los militares y las fuerzas del orden en México trabajando codo a codo con nuestros equipos”, dijo Patel desde Ontario.
La detención del exatleta olímpico canadiense se concretó anoche en la Ciudad de México. Patel, que casualmente ya estaba en el país por un viaje previamente planeado, calificó la acción como “una gran operación” exitosa.
“Fue un esfuerzo interinstitucional, liderado por el presidente Trump, nuestro Departamento de Justicia y nuestros socios en México”, añadió, destacando también al embajador Ron Johnson.
Pero ¿quién es Ryan Wedding y por qué tanta bulla? Las autoridades lo pintan como una figura mayor. Patel no tuvo pelos en la lengua durante la conferencia.
“Que nadie se equivoque, Ryan Wedding es la versión moderna de Pablo Escobar. Es la versión moderna de ‘El Chapo’ Guzmán”, afirmó el jefe del FBI.
Según la fiscal general Pam Bondi, Wedding lideraba una organización criminal que movía decenas de toneladas de cocaína cada año desde Colombia, a través de México, hacia Estados Unidos y Canadá.
Su historia es un descenso vertiginoso. De atleta olímpico en 2002 a ser sentenciado en 2010 por intentar llevar 24 kilos de cocaína a Canadá. Tras cumplir condena y ser extraditado, no se reformó. Desde Canadá empezó a tejer una red para el Cártel de Sinaloa.
Al sentir el cerco policial canadiense, huyó a México. Desde allí, dicen las autoridades, ordenó asesinatos y dirigió su imperio narco hasta que el trabajo conjunto lo alcanzó.
Esta captura no es solo un nombre más en una lista. Es un símbolo potente de lo que puede lograr la cooperación cuando funciona. Un golpe mediático y operativo que resuena como advertencia.














