Colectivos marchan en CDMX en solidaridad con Venezuela y contra injerencia de EE.UU.

Cientos de personas se congregaron este sábado en el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México para expresar su apoyo al gobierno de Venezuela y exigir la liberación de su presidente, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores. La movilización, convocada bajo la consigna de una “jornada antiimperialista por la soberanía de América Latina y solidaridad con Venezuela”, partió del Ángel de la Independencia y avanzó hacia el Hemiciclo a Juárez, donde se encuentra el Antimonumento por Palestina.

Los manifestantes, integrados por activistas y defensores de derechos humanos que llevan organizándose desde el pasado 3 de enero, corearon consignas y portaron banderas y pancartas con mensajes dirigidos contra la política exterior de Estados Unidos. Las frases “¡Venezuela debe controlar su petróleo!”, “defender Venezuela y México del imperialismo yanqui”, “gringos go home” y “fuera yankees de Venezuela” fueron recurrentes en la protesta, reflejando un rechazo frontal a lo que los participantes califican como una invasión y una injerencia constante en los asuntos soberanos de la región.

El tono de la marcha fue marcadamente antiimperialista, con cánticos que hacían referencia a la “espada de Bolívar” recorriendo América Latina y que rechazaban la idea de convertirse en una “colonia norteamericana”. Este posicionamiento conecta directamente con las recientes declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien en múltiples ocasiones ha amenazado con intervenir militarmente en México para combatir a los cárteles de la droga, una posibilidad que ha generado profunda preocupación y rechazo en amplios sectores de la sociedad y la política mexicana.

La detención de Nicolás Maduro, un hecho que ha sido condenado por sus simpatizantes como una maniobra política orquestada con apoyo externo, sirvió como catalizador principal de la protesta. Para los organizadores, la situación en Venezuela trasciende lo interno y se enmarca en un patrón histórico de intervencionismo por parte de potencias extranjeras, principalmente Estados Unidos, en los recursos y los sistemas políticos de América Latina. La movilización en la capital mexicana busca, por tanto, articular una respuesta de solidaridad concreta y visibilizar un frente de resistencia común contra lo que perciben como políticas hegemónicas.

El evento no es un hecho aislado, sino parte de un tejido más amplio de activismos que vinculan causas internacionales. El punto final de la marcha, el Antimonumento por Palestina, no es casual; simboliza la intención de crear un puente narrativo entre distintas luchas contra la ocupación y la injerencia en diferentes partes del mundo. Esta conexión estratégica busca amplificar el mensaje, presentando la defensa de la soberanía venezolana como un capítulo más en una batalla global por la autodeterminación de los pueblos.

Analíticamente, la protesta subraya la persistencia y la revitalización de discursos antiimperialistas y de izquierda en el espacio público mexicano, particularmente en contextos de crisis política internacional. También evidencia cómo la política exterior de Estados Unidos, especialmente cuando adopta un tono abiertamente intervencionista, sigue siendo un potente movilizador social en la región. La marcha funciona como un termómetro de la opinión pública organizada, mostrando que sectores significativos mantienen una postura de firme oposición a cualquier forma de injerencia, ya sea dirigida hacia Venezuela o potencialmente hacia México, defendiendo con vehemencia los principios de soberanía y no intervención como pilares de las relaciones internacionales.

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