El acero mexicano se ahoga bajo los aranceles de Trump

Te cuento algo que duele en el alma. Llevo años viendo cómo crece la industria siderúrgica en México, y de repente, con un par de firmas desde Washington, todo se vino abajo. El aumento de los aranceles a 50% no es solo un número en un papel; son fábricas que trabajan a media máquina y familias que ven peligrar su sustento.

Las cifras son brutales. Según Canacero, las ventas a Estados Unidos, nuestro vecino y principal cliente, se desplomaron un 49% el año pasado. Víctor Cairo, presidente del gremio, lo dijo claro:

Esta medida es injusta y está poniendo en riesgo empleos e inversiones.

Cuando una planta opera a menos del 60% de su capacidad, como pasa ahora, no es solo una mala racha. Es una crisis profunda. He visitado esas plantas y se respira incertidumbre. El déficit comercial ronda los 4.500 millones de dólares, una herida que sangra cada día.

Pero ojo, el problema no viene solo del norte. Mientras nuestras exportaciones caen, las importaciones de acero en México suben como la espuma, ya representan el 43% de lo que consumimos aquí. Y gran parte llega de Asia, con precios con los que es imposible competir porque vienen subsidiados desde sus países.

Es una competencia desleal que nos aprieta por todos lados: perdemos mercado afuera y nos invaden por dentro.

Sin embargo, en medio de este panorama gris, hay un rayo de esperanza. Todos en el sector tienen puestos los ojos en julio, cuando toca revisar el TMEC. La confianza está puesta en que esta revisión sirva para quitar ese arancel del 50% que nos está asfixiando.

La idea es clara: fortalecer la integración con Estados Unidos y Canadá para proteger a toda Norteamérica de estas prácticas comerciales que distorsionan el mercado. Es el camino lógico, pero en la política comercial nada es seguro. Solo queda esperar y prepararse para lo que venga.

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