En el bullicio de la Feria Internacional de Turismo (FITUR) en Madrid, se firmó un pacto que podría redefinir la promoción de la Ciudad de México en el mundo. La Secretaría de Turismo local (SECTURCDMX) y la Asociación Internacional para la Cooperación y el Desarrollo Turísticos (ASICOTUR) de España sellaron una colaboración con grandes promesas, pero una lectura detallada del documento revela capas que invitan a un escrutinio más profundo.
A simple vista, el acuerdo parece rutinario: intercambio de logos, prioridad en eventos y promoción en redes sociales. Sin embargo, al profundizar, surgen elementos que despiertan la curiosidad de cualquier investigador. ¿Por qué un convenio de cooperación pública incluye una cláusula que estipula que la información generada por ASICOTUR será tratada como ‘reservada y confidencial’? Esta disposición, amparada en “las leyes aplicables”, plantea una pregunta incisiva: ¿qué tipo de datos o proyectos requieren tal nivel de discreción en un ámbito supuestamente orientado a la promoción abierta?
Alejandro Rubín Carballo, presidente de ASICOTUR, entregó a la secretaria Alejandra Frausto un reconocimiento por el Programa Colibrí Viajero.
Este gesto ocurre en medio de compromisos mutuos. La CDMX se obliga a participar en la Asamblea General de la asociación y a considerarla en sus campañas. El convenio tiene una vigencia inicial de solo un año, renovable, y ambas partes acuerdan trabajar con recursos propios, ‘sin comprometer recursos financieros adicionales’. Esta frase es crucial. En la práctica, significa que no habrá transferencias directas de dinero, pero sí un intercambio intangible de influencia, acceso y visibilidad.
La narrativa oficial habla de reforzar lazos y posicionar a la ciudad promoviendo igualdad y no discriminación. Pero el escepticismo saludable lleva a conectar puntos. Un acuerdo sin flujo financiero explícito, pero con cláusulas de confidencialidad y compromisos preferenciales, sugiere una alianza basada más en capital político y estratégico que en inversión tangible. La revelación significativa aquí no es una malversación, sino el modelo mismo: la cooperación internacional turística se está transformando en un intercambio sofisticado de credibilidad institucional y espacios privilegiados en agendas globales, todo ello envuelto en un lenguaje de desarrollo social. La verdad oculta no es un escándalo, sino el entendimiento de que estos pactos construyen redes de influencia donde la moneda principal es el acceso y la información controlada.


















