El glorioso tercer lugar en la carrera de los sueldos que no alcanzan

El Olimpo de los Centavos: México Brilla en el Podio de la Subsistencia Ajustada

En un alarde de proeza económica que dejaría pálidos a los alquimistas medievales, la Jefa Máxima del Rebaño Feliz ha proclamado, entre vítores y clarines imaginarios, la hazaña nacional de escalar al tercer peldaño en el sagrado ranking de la remuneración ínfima en Latinoamérica. ¡Gloria! ¡Qué privilegio ser el bronce en la competencia por ver quién paga menos sin que la población se alimente exclusivamente de aire y esperanzas!

La mandataria, desde el balneario de Acapulco —símbolo universal de la austeridad republicana—, narró la épica saga. Recordó, con la solemnidad de quien descubre agua en el desierto, aquellos años oscuros del neoliberalismo salvaje, cuando el país se hundía en la ignominia de estar por debajo de Haití en la escala de la precariedad. ¡Qué vergüenza! Ser superado en mezquindad por una nación arrasada por la tragedia era el colmo para el orgullo patrio. Ahora, superado ese trauma, podemos ufanarnos de estar solo por detrás de Uruguay y Chile, dos naciones conocidas por su densa población y su abrumadora similitud con la realidad mexicana.

Es un número muy importante, aseguró la estadista. Y, ciertamente, lo es. En el gran teatro de la estadística gubernamental, donde los decimales se bailan al son del relato triunfal, alcanzar este hito es comparable a recibir una medalla por ser el tercer más hambriento en un banquete de fantasmas. La autoridad, en su infinita sabiduría, ha logrado la alquimia moderna: transformar la miseria en un dato celebratorio, la carencia en un trofeo, y la desesperación cotidiana de millones en un eslogan para la conferencia mañanera.

Así, ciudadanos, regocijémonos. Mientras el costo de la vida escala cumbres alpinas, nuestro salario mínimo escala posiciones en un listado que, como un espejo deformante, nos muestra no lo que tenemos, sino lo lejos que estamos de lo necesario. ¡Viva el progreso! ¡Larga vida al podio de los sueldos que, como los unicornios, son más fácilmente alabados que encontrados en su plenitud en los bolsillos del pueblo!

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